Incendios Forestales

Hay un gran oscurantismo y desinformación en torno a los incendios forestales. Los medios de comunicación suelen informar de manera anecdótica sobre los mismos, sin ampliar el enfoque y analizar su trasfondo y los variados intereses que pueden esconder.

Pero una cosa sí es clara desde nuestro punto de vista: un buen número de incendios forestales tienen su causa en el modelo extractivista y de agronegocios, que arrasa con todo a su paso. Y su intencionalidad apunta a hacer sitio a estos negocios depredadores que acaparan tierras y territorios para enriquecer a unos pocos en detrimento de la mayoría y de la propia naturaleza.

Dimensión de los fuegos

Incendio forestal © Birgit Handke

La cantidad de incendios que están teniendo lugar no tiene precedentes. Según un informe de WWF, en la primera mitad de 2020 se incrementaron globalmente los incendios forestales en un 13 % con respecto a los años anteriores, en que ardieron junto a la Amazonía en Brasil, otras regiones amazónicas como las de Perú o Bolivia. Y otras muchas regiones en República Democrática del Congo, California, España, Portugal, Australia y hasta el Ártico, una región donde los incendios no son habituales.

Importancia de las selvas y otros ecosistemas

Fuego en la Amazonía © Brasil2 / istockphoto.com

Las selvas tropicales húmedas son especialmente relevantes para la conservación de la biodiversidad y la estabilidad del clima por su almacenamiento de carbono. Las selvas tropicales y ecosistemas naturales juegan un rol fundamental en la absorción de CO2 y su destrucción incrementa su emisión a la atmósfera y de este modo, el cambio climático.

Su conservación hasta ahora ha sido posible gracias a sus habitantes, los pueblos indígenas y campesinos, y gracias a la relación de dependencia que estos pueblos mantienen con el ecosistema.

Hay que tener en cuenta, que los incendios no afectan sólo a las selvas tropicales, sino a otros ecosistemas naturales como turberas, humedales y pastos, que juegan un rol fundamental en el equilibrio ecológico regional y mundial y que están habitados por comunidades locales. Cada región presta servicios ecosistémicos específicos, dependiendo del tipo de vegetación, pero siempre de gran importancia climática.

Sin embargo, mientras que otros ecosistemas como por ejemplo el cerrado brasileño tienen una gran capacidad de regeneración, selvas tropicales como la Amazónica, una vez que se destruyen se destruyen para siempre y quedan convertidas en mata. No cuentan con esa capacidad y pasan a formar parte del pasado perdiéndose para siempre.

Ecocidio: amenazas que constituye el fuego

Sólo en la Amazonía viven unos 500 pueblos indígenas. En todo el mundo, en torno a 300 millones de personas dependen directamente de los bosques, y 1.600 millones de manera indirecta, según cifras de la FAO.

Para todos estos habitantes de las selvas y bosques, los incendios forestales arrasan con sus comunidades, con la biodiversidad, de la que dependen por ejemplo para la caza de subsistencia.

La fragmentación de hábitats y la amenaza de extinción para las especies endémicas de cada región. El fuego genera una alteración significativa de los ecosistemas naturales, y otra de sus consecuencias ecológicas es la pérdida de biomasa y de estructura vegetal y la estructura del suelo. Si se quema la materia orgánica, el suelo pierde todo su valor ecológico y nutrientes, y es muy difícil restaurarlo a su estado original.

El humo y la polución afectan a la calidad del aire y así a la salud respiratoria y cardiovascular causando riesgo de muertes prematuras. El pasado año, 2000 personas tuvieron que ser hospitalizadas en la Amazonía brasileña como consecuencia de los incendios. En en el contexto actual de pandemia, resulta aún más grave pensando por ejemplo en la ocupación de las unidades hospitalarias.

Una vez que los incendios se apagan, entre las cenizas se suelen encontrar restos de animales que murieron quemados. A algunos, el fuego los sorprende hibernando lo que imposibilita o dificulta mucho su huida. La desaparición de las especies se puede deber también a la modificación que sufre el suelo o los cursos de agua como consecuencia de los incendios. Además, se destruyen los sitios de anidamiento de las aves. El fuego obliga a las especies animales a buscar nuevos refugios y muchas veces aparecen incluso en las ciudades cercanas, en las carreteras, cableado u otros lugares poco habituales. A veces, logran escapar al fuego pero sufren agresiones como tiros o atropellos de parte de los humanos. Las crías tienen más dificultades que sus progenitores para escapar al fuego.

Por si fuera poco, pueden quedar severamente afectadas las cadenas alimentarias al disminuir la densidad de unas especies que sirven de alimento a otras.

El fenómeno de los incendios no es ajeno a las ciudades. Muchas se están viendo afectadas tanto en términos de cercanía y amenaza directa, como en términos climáticos y de polución del aire. Esto es grave, pero ayuda a crear conciencia y muestra la dimensión colectiva del problema, que no se reduce a regiones lejanas y olvidades.

Las causas y responsabilidad por los fuegos

La deforestación se encuentra en la raíz del problema. Muchos incendios forestales comienzan con el objetivo de despejar el territorio y dejar espacio a la agricultura industrial o agronegocios y también para otras actividades extractivas como la minería.

Es verdad que algunos incendios tienen causas naturales de importancia para el mantenimiento y crecimiento de algunos ecosistemas. Y también es verdad que actualmente las sequías más son intensas de lo habitual.

Pero se puede decir, que el incremento de los fuegos se debe en mayor parte a la mala gestión política a la hora de defender la conservación del medio natural, que a causas climáticas. De hecho, los incendios aumentaron un 30% en la Amazonía durante el primer año de gobierno de Bolsonaro, quien no oculta su desinterés en la conservación de la selva ni en el respeto a los derechos humanos de sus habitantes, sino al contrario su interés es favorecer a sus amigos latifundistas, quienes lo llevaron al poder. La deforestación habría crecido un 209% en el estado de Amazonas desde que Bolsonaro asumió el cargo.

Entre el 75% y el 95% de los incendios forestales tienen responsabilidad humana y surgen por intereses económicos relacionados con cambios de uso del suelo. A menudo, latifundistas, mineros o traficantes ilegales de tierras o madera se esconden tras los fuegos y el descontrol. La intencionalidad detrás de los incendios incluye intereses destinados al acaparamiento e incluso al robo de tierras, y a la conversión del uso de las tierras. Territorios rurales despoblados y que van perdiendo sus actividades tradicionales que pueden quedar sustituidas por ejemplo, por monocultivos de soja o ganadería industrial o por monocultivos industriales de árboles. En este último caso los territorios quedan susceptibles de sucumbir más fácilmente a las llamas.

En Venezuela por ejemplo, ha habido una apertura a la extracción minera de oro y como hemos visto, en Argentina el cambio de uso de la tierra para la cria intensiva de ganado, o en Brasil, la expansión de los monocultivos de soja y la cría de ganado.

Influyen también de manera decisiva los factores climáticos, como la ausencia de precipitaciones, las elevadas temperaturas y las olas de calor, el bajo porcentaje de humedad, combinados con los vientos fuertes.

Y también se inician a consecuencia de quemas de rastrojo o basura muchas veces mal apagados, y accidentes derivados por ese tipo de irresponsabilidades, o incluso algo tan banal como colillas mal apagadas.

Afortunadamente, cada vez parece haber una mayor conciencia sobre los problemas ambientales y la urgencia de actuar para detener el cambio climático. No debemos permitir que los incendios puedan llegar a formar parte de la nueva normalidad.

A pesar de la mayor atención pública, todavía hay muchos motivos para estar alertas ante los incendios y sus causas, para actuar y para estar alertas por las selvas y bosques del mundo.