Soja y su modo de producción

Infórmate ahora

La soja se utiliza en la industria alimentaria, como pinso animal y también para la producción de biodiesel. La soja es la causa de la devastación de suelos, de deforestación, de contaminación de ríos y acuíferos, de desaparición de biodiversidad, de expoliación del patrimonio natural y de eliminación de la agricultura familiar que alimentaba a las poblaciones.

La soja o soya (Glycine max) es una leguminosa cuyas semillas contienen una elevada proporción de proteína vegetal y también hierro, magnesio y otros minerales. De ella se obtienen como subproductos principales aceite y harina de soja. Estos productos se encuentran disponible en grandes cantidades y a bajos precios en el mercado mundial.

La soja se utilizan principalmente para fabricar pienso destinado a alimentar a los animales de cría industrial, con el objetivo de que produzcan mucha carne, huevos y leche de forma rápida y barata – y generen muchos beneficios. Se utiliza también para la producción de biodiésel y en la industria alimentaria. “Abrir nuevos mercados y encontrar nuevos usos industriales” es la lógica que rige el cultivo masivo y el mercado global de soja.

Por la demanda en constante aumento, la producción mundial de soja se ha multiplicado por diez desde 1960, alcanzando los 260 millones de toneladas que crecen en unos 100 millones de hectáreas de cultivo, sobre todo en los EEUU y en Sudamérica (45 millones de has).

Para despejar tantos millones de hectáreas de tierras de cultivo se destruyen bosques tropicales y otros ecosistemas biodiversos como el cerrado en Brasil.

La actual demanda china de soja brasileña -pues actualmente China se encuentra librando una guerra comercial con su principal proveedor EEUU, al que ha impuesto aranceles del 25%- compromete gravemente muchos millones de hectáreas de la Amazonía brasileña, pues de este país pasaría a proceder el 75% de la soja que importa el gigante asiático. También de Sudamérica, importa la Unión Europea cada año en torno a 34 millones de toneladas de soja, principalmente para alimentar animales de cría industrial. La superficie de tierras estimada para cultivar este volumen de soja es de 15 millones de hectáreas.

Según Greenpeace, en 2018 se deforestaron en Argentina 112.766 hectáreas en cuatro provincias; de ellas, 40.965 en zonas en las quela explotación está prohibida o restringida.

Millones de pequeños campesinos de los países productores ya han perdido sus tierras e ingresos. Entre estas comunidades se cuentan también muchos pueblos indígenas.

Animales industriales para el consumo humano

La cría industrial de animales aumenta en Europa mientras las granjas tradicionales están desapareciendo rápidamente. En lugar de en los prados, los animales viven apretados en estrechos compartimentos y son alimentados con piensos de engorde. Las fábricas de animales consumen cantidades ingentes de proteína de soja, materia prima barata que procede de regiones deforestadas. El hambre de carne de nuestra sociedad provoca el crecimiento imparable de las plantaciones de soja en Sudamérica.

Soja transgénica, más que cuestionable

Más de tres cuartos de la producción global de soja es transgénica: en Argentina, el 99 por ciento, en los EEUU más del 90 por ciento y más del 65 por ciento en Brasil. Otros países productores son Paraguay y Uruguay.

La información genética de la soja transgénica ha sido modificada en laboratorio para hacer la planta resistente al herbicida glifosato. La empresa norteamericana Monsanto-hoy de Bayer- vende no sólo las semillas para el cultivo de soja, sino también el herbicida correspondiente bajo el nombre de Roundup, que contiene el glifosato. Este potente químico se fabrica a partir del Agente Naranja que se utilizó durante la guerra de Vietnam y que causó graves malformaciones a niñas y niños. Los agentes humectantes que contiene hacen al Roundup aún más tóxico que el glifosato sólo. Uno de los componentes es la problemática sustancia tallowamina.

Los efectos de los transgénicos sobre el medio ambiente y sus peligros para la salud son hasta ahora desconocidos y no han sido suficientemente investigados. Al contrario de lo que publicitan los vendedores, en los campos de soja transgénica se extienden cada vez más hierbas resistentes a los herbicidas. Para eliminarlas, las agroindustrias elaboran cócteles de sustancias cada vez más venenosas.

En Europa, muchas personas no quieren comer alimentos modificados genéticamente. Productos que contienen transgénicos deben estar identificados en la etiqueta y son difíciles de vender. Pero esto no se cumple en el caso de la carne, huevos o leche de animales que se han alimentado con pienso transgénico. Dando este rodeo, la soja transgénica se encuentra a gran escala en nuestra alimentación. Sólo los productores ecológicos excluyen expresamente la manipulación genética.

Estudios científicos han mostrado que el Roundup es dañino para las células, incluso hasta producir necrosis, un estado que produce la muerte sin control de las células pudiendo provocar daños serios a los tejidos. En áreas en las que se produce soja transgénica ha sido detectada una tasa anormal de nacimientos con malformaciones. Investigaciones han demostrado que el Roundup daña el material genético, afecta al sistema hormonal y dificulta la reproducción, provoca cáncer y daña los nervios.

El monocultivo de soja está controlado por inversores e industrias del agro. En Sudamérica se cultiva principalmente para la exportación. Los países productores son entonces exportadores de materias primas. Las exportaciones de soja permiten a los países productores cobrar impuestos, pero los daños a la naturaleza y a la población son enormes. Los bosques quedan talados, los suelos y fuentes de agua reducidas y contaminadas, los pequeños agricultores desplazados de sus tierras y extensas áreas despobladas. La población local tiene cada vez más difícil autoabastecerse; cada vez más personas caen en pobreza y dependencia.

El mercado mundial de la soja es muy fluctuante y por eso el grano de soja es un codiciado producto para la especulación en los mercados mundiales de materias primas. Para multinacionales del agro como Monsanto, la venta de soja transgénica y los cócteles de pesticidas asociados significan un negocio millonario.

La producción de soja genera dependencia, ya que sólo es posible si se utilizan además de las semillas otros productos de las mismas empresas en todo el proceso productivo, lo que les genera a estas y no a la población, ganancias y poder inmenso.

La Mesa Redonda de Soja Responsble RTRS ¿una solución?

La Mesa Redonda de Soja Responsable RTRS es un foro de las partes interesadas: la industria y ciertas ONGs. Entre los miembros de la RTRS se encuentran las grandes corporaciones que operan comercialmente la cadena de la soja: ADM, Cargill, Bunge, Rabobank, BP, Shell, Unilever, Bayer-Monsanto, Syngenta y Ahold (hasta un total de 69 empresas). De 15 ONG´s, sólo dos desempeñan un papel destacado dentro de la RTRS World Wildlife Fund WWF, una gran organización ambiental y Solidaridad, una organización holandesa de desarrollo. Cabe señalar que los pequeños agricultores no están representados en la RTRS y que no hay participación de organizaciones indígenas. Ambas han sido repetidamente señaladas por ayudar a crear estándares para disimular los graves impactos de esta industria, “maquillarla” de verde y darle la apariencia de sustentable y ecológico al negocio de la soja. Pero no existe ninguna manera de que millones de hectáreas de cultivos industriales sean amigables con el medio ambiente y la sociedad.

En conclusión

El modelo de producción que conduce a que en Europa se expandan las “fábricas” de animales y en Sudamérica se cultive la soja como ingrediente para piensos, amenaza los bosques tropicales, la biodiversidad, los suelos, los derechos territoriales y la soberanía alimentaria de muchas personas. Es también causa del cambio climático.

La idea de que es posible el crecimiento y el progreso sin límites, y de que las tecnologías son neutras es equivocada, y fuerza la introducción sin resistencia de modelos de producción a gran escala como el de la soja que lo que hacen es crear dependencia, eliminando la diversidad y amenazando la soberanía alimentaria. Una tecnología como la biotecnología no es en absoluto neutra, pues está en manos de grandes empresas que mediante patentes se hacen dueñas y señoras incluso de las semillas, e intentan impedir el acceso libre a este patrimonio común.

La alternativa lógica a este modelo económico de absoluta dependencia de las transnacionales del agro, favorecido por gobiernos corruptos, es la cría local de animales en libertad, y la producción también local de los piensos para animales, preferentemente de cultivo ecológico. Esto es posible, ya que en todas partes -también Europa- crecen plantas ricas en proteínas vegetales, entre estas la propia soja.