Borneo: nos oponemos a megaplantaciones que destruyen las turberas

Orangután en Kalimantan Central, Borneo Los bosques pantanosos de turba de Borneo son el hogar de orangutanes, monos narigudos, osos malayos y panteras nebulosas (© Rita Sastrawan) Niño caminando sobre una turbera en llamas en Katingan, Borneo Las turberas intactas almacenan carbono - la deforestación calienta el clima (© Wetlands International) Turbera deforestada para el proyecto de 1 millón de hectáreas de arroz en Kalimantan Central Las plantaciones de arroz en suelos de turba están condenadas al fracaso (© Rita Sastrawan)

El gobierno indonesio tiene un proyecto que podría tener consecuencias para todo el planeta: destruir grandes turberas en Borneo para sustituirlas por plantaciones industriales de arroz. Casi 200 grupos organizados de Indonesia dicen NO al plan. Por favor, apoya sus exigencias.

Noti­cias y actuali­zaciones Petición

Para: Presidente Joko Widodo, Ministra de Medio Ambiente y Bosques Siti Nurbaya Bakar, Gobernador de la Provincia de Kalimantan Central Sugianto Sabran, Jefe de Distrito de Pulang Pisau Eddy Pratowo, Director del Departamento de Turberas Nazir Foead

“Queremos detener el proyecto Cetak Sawah, que significa otro desastre ambiental y climático.”

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Los defensores de las selvas de Borneo están en shock. El gobierno del presidente Joko Widodo planifica establecer 300.000 hectáreas de plantaciones de arroz. Se dice que las plantaciones están destinadas a garantizar la seguridad alimentaria de la población. El plan se llama en indonesio "Cetak Sawah", que significa "imprimir campos de arroz". O sea, imprimir plantaciones de arroz en los bosques pantanosos de turba. Algunos de estos bosques ya se encuentran ralos, secos y degradados y emiten continuamente gases de efecto invernadero siendo foco de numerosos conflictos.

Una de las áreas designadas se encuentra en la provincia de Kalimantan Central. En la década de 1990, el gobierno del dictador General Suharto taló 1,4 millones de hectáreas de bosques pantanosos de turba. El objetivo era el mismo que hoy: seguridad alimentaria con cultivos industriales de arroz a gran escala.

Los bosques pantanosos de turba de Indonesia representan casi la mitad de los suelos de turba tropical y son particularmente importantes para la protección del clima mundial. La turba almacena 20 veces más carbono que los suelos minerales. Al deforestarla y drenarla se libera el carbono y otros gases que calientan el clima en la atmósfera. Entre el 13 y el 40% de las emisiones mundiales provienen de la destrucción de las turberas.

Casi 200 organizaciones indonesias se oponen a estos planes demenciales. ¿No ha aprendido nada el gobierno de los errores del pasado? ¿Dónde está la voluntad política de restaurar por fin las turberas? ¿Por qué el gobierno apuesta por los monocultivos industriales en lugar de apostar por usos variados de la tierra para la agricultura?

Por favor, apoya a los ecologistas de Indonesia.

"¡Nos oponemos a las plantaciones de arroz en las turberas de Kalimantan central y otras regiones de Indonesia!"

Más información

Los habitantes de Borneo han sufrido durante décadas niveles extremadamente altos de contaminación atmosférica causada por el humo que se desprende cuando se queman los bosques, las plantaciones y especialmente los suelos de turba. Durante más de veinte años, Indonesia ha sido uno de los países que más ha contribuído al calentamiento del clima del mundo, principalmente debido a estos incendios de la turba.

La mayor fuente de incendios hasta la fecha ha sido el proyecto de arroz de un millón de hectáreas PLG (Pengembangan Lahan Gambut = desarrollo de turberas) de los años 90. Dicho proyecto fracasó completamente, tanto ecológica como económica y socialmente. Básicamente, los bosques de turba resultaros destruidos - y con ellos se perdió un valioso hábitat para los orangutanes, los monos narigudos, los osos de Malasia y las panteras nubladas. Se desplazó a muchas personas, y hasta el día de hoy allí no crece ningún arroz, ni siquiera el arroz húmedo, porque el suelo es demasiado ácido. Muchos migrantes que habían llegado de otras islas, abandonaron la zona decepcionados. Peor aún, las antiguas turberas todavía siguen drenadas, secas, destruidas, degradadas y ardiendo por dentro.

Numerosos esfuerzos para rehumedecer y reforestar el área con capas de turba de un metro de espesor y han sido en gran medida infructuosos. Bloquear los canales de drenaje para que el agua pueda volver a mojar las capas de turba es una tarea gigantesca y costosa. Además, los propietarios de las numerosas plantaciones de palma aceitera y minas que se han extendido por el lugar no tienen ningún interés en preservar los pantanos y las turberas.

Si las turberas degradadas y los bosques de turba que todavía están intactos también se convierten ahora en plantaciones de arroz, la catástrofe climática se agravará. Y la experiencia demuestra que el arroz no prosperará.

¿Asegurar la alimentación con arroz en la turba?

En 2017, el gobierno anunción nuevamente el plan de asegurar la alimentación con plantaciones de arroz. También sobre las turberas. Aunque hubo inversionistas que expresaron su interés en establecer plantaciones con tecnología moderna, el plan aún no se ha llevado a cabo. Una razón: debido a que las emisiones de las turberas destruidas son tan elevadas y reduccir las emisiones es lo que más beneficia el clima, en el mismo lugar existen proyectos de protección forestal y climática . Grandes áreas de arrozales ponen en peligro los beneficios climáticos de los programas de restauración de las turberas drenadas.

En medio de la pandemia de coronavirus, el gobierno parece pretender impulsar el plan, de manera rápida y sin la participación de la población. Sin embargo, grupos de la sociedad civil local están haciendo advertencias contra el proyecto. Temen que sea un fracaso y que en lugar de arroz lo que se produzca sean grandes problemas sociales y daños ambientales.

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Detengan el proyecto de cultivo de arroz Cetak Sawah en las turberas de Kalimantan Central

¡No queremos una nueva catástrofe!

En la Declaración de organizaciones de la sociedad civil de Indonesia, casi 200 grupos exigen una reforma agraria real sobre la base de la diversidad agrícola existente y rechazan las mega plantaciones que empobrecen a las familias campesinas y pueblos indígenas.

Desde hace algunas semanas, el gobierno indonesio está abanderando otra vez la vieja idea de los "campos de arroz en suelo de turba". Son promesas vacías de tazones de arroz llenos. Hay que arrancar la idea de los campos de arroz en los suelos de turba. Al mismo tiempo, se están destruyendo los bosques y campos para usos no alimentarios. Se criminaliza a los agricultores y los conflictos por las tierras agrícolas restringen cada vez más el espacio vital y la soberanía alimentaria de los pueblos. Y todo esto en medio de una pandemia.

En medio precisamente de la pandemia de Covid-19, el gobierno utiliza la crisis alimentaria como excusa para impulsar el nuevo proyecto de arrozales en la zona del antiguo PLG (proyecto de arroz de un millón de hectáreas en suelos de turba). El proyecto de arroz de PLG ha pasado a la historia como un desastre: se destruyeron bosques de turba, el suelo de turba nunca se pudo recuperar ni devolver a su estado natural. PLG se convirtió en realidad en una fuente de destrucción ambiental y en la principal causa de los incendios en las turberas acontecidos en las últimas dos décadas. El gobierno carece de voluntad política. Por el contrario, en lugar de aprender de la experiencia del caso PLG, tiene la intención de establecer las plantaciones de arroz en unas 300.000 hectáreas en la misma área. Encluso lo está difundiendo como un proyecto estratégico nacional, sin la más mínima transparencia, sin estudios científicos y sin la participación de la población, sin consultas e ignorando los derechos civiles y los aspectos ambientales. En la actualidad, el Ministerio de Medio Ambiente y Bosques trata de eludir su responsabilidad realizando una "Evaluación Ambiental Estratégica Rápida" en lugar de una evaluación ambiental real.

Exigimos al gobierno que no repita los errores del pasado y que no cause un nuevo desastre. Debe dejar de usar la pandemia como excusa para explotar las turberas. Decimos claramente: NO y exigimos que se detenga el proyecto, de acuerdo con las siguientes consideraciones básicas:

Primero: este proyecto significará pérdidas estatales

Este proyecto debe detenerse en vista de las negativas experiencias del pasado. Bajo gobiernos anteriores, el PLG (proyecto de arroz de un millón de hectáreas en suelos de turba), que se inició en 1995 bajo el mandato del Presidente del "Nuevo Orden", Suharto, según el Decreto Presidencial 82/95 y terminó en 1998 durante el reinado de BJ Habibie con el Decreto Presidencial 33/98, ya fracasó estrepitosamente. Las razones del fracaso fueron la falta de comprensión y la falta de estudios socio-ecológicos sobre los ecosistemas de turba. Este proyecto ha costado al presupuesto nacional al menos 1,6 mil millones de rupias (100 millones de euros). Sin embargo, la zona nunca llegó a ser el cuenco de arroz de Indonesia. En su lugar, ahora hay plantaciones de palma aceitera. Es francamente macabro que el proyecto PLG se financiara con dinero del fondo de reforestación, destinado en realidad a la renaturalización de los bosques.

Después del fracaso del proyecto PLG, hubo al menos dos decisiones políticas importantes sobre la restauración de las turberas. Uno de ellos fue el Decreto Presidencial 80/1999, que concedió una indemnización a la población afectada, y el otro fue el Decreto 2/2007, que asignó 3,9 mil millones de rupias (240 millones de euros) para la restauración de las turberas. Sin embargo, no hubo explicaciones sobre el uso de la tierra. Más tarde (después de los incendios de 2015) la autoridad responsable de la turba BRG se hizo cargo de la antigua área PLG. Su renaturalización, que también se financió con fondos estatales, tenía la máxima prioridad, pero los resultados son insignificantes.

Los hechos muestran que casi todas las plantaciones de arroz de Indonesia, con las características de grandes zonas, financiadas por el Estado y administradas por el sector privado, fracasan una y otra vez y están asociadas a la corrupción. Las turberas destruidas le cuestan al Estado aún más: daños económicos por los incendios forestales, costes de la lucha contra el fuego y el empobrecimiento de la población.

Segundo: el proyecto destruye el medio ambiente y las personas sufren las consecuencias

Detengan de una vez la destrucción de la naturaleza, dejen de sacrificar a las personas. Porque el sistema económico ha fracasado, y el modelo de desarrollo basado en la explotación de los recursos naturales tiene graves consecuencias para la vida en nuestro planeta y el futuro de la humanidad. La Tierra se enfrenta actualmente a dos problemas graves - la crisis climática y la crisis sanitaria - debido a la incapacidad de los gobiernos para proteger el interés público y debido a la codicia de las empresas que siguen obteniendo beneficios de la destrucción de la naturaleza. Los suelos de turba son ecosistemas únicos sumamente importantes para el equilibrio del clima y la protección de la biodiversidad en los humedales, lo que a su vez puede prevenir las zoonosis consecuencia de la destrucción de la naturaleza.

El plan del gobierno de establecer plantaciones de arroz en las turberas muestra una vez más que el gobierno no está preocupado por la protección del ecosistema de las turberas. Este proyecto tendrá graves consecuencias, un futuro catastrófico, por proyección deliberada del propio gobierno. El antiguo proyecto arrocero de un millón de hectáreas (ex-PLG) ya es un desastre. La biodiversidad h sido destruida o está amenazada. En esta zona pantanosa se puede encontrar ramin (Gonystylus bancanus) o meranti rawa (Shorea balangeran), mientras que en las turberas hay especies de árboles endémicos. El hábitat natural de los orangutanes se ha destruido, y muchos miles de kilómetros de canales centrales y laterales han quedado como recuerdo del despropósito, causando la sequía de los suelos de turba y siendo la fuente de los incendios y el humo en Kalimantan central, que se llegan a sentir incluso en los países vecinos. Los incendios forestales también tienen graves efectos en la salud de la ciudadanía, al causar enfermedades respiratorias y muerte prematura. Además, sufren la liberación de emisiones de gases de efecto invernadero.

Después de unos terribles incendios en 1997, que destruyeron toda la zona quemando el 80 por ciento del paisaje y liberando 150 millones de toneladas de carbono, la zona se ha convertido en fuente de incendios cada año. Entre los años 2015 a 2019, se localizaron aquí la mayoría de los puntos calientes: 465.003 hectáreas quemadas, que suponen el 39 por ciento de la superficie total quemada en Kalimantan Central. Las mismas áreas se quemaron repetidamente como antes.

El fracaso del gobierno en proteger el derecho a un medio ambiente sano se confirma a nivel legal. Según sentencias habidas, el gobierno infringió la ley, como lo confirma el Tribunal Supremo en su sentencia 3555/K/Pdt/ 2018 de 16 de julio de 2019. Este proceso (demanda ciudadana) fue iniciado por ciudadanos que exigían al gobierno que establezca medidas legales para hacer frente a los incendios y que ponga las turberas bajo protección. La planificación de las plantaciones de arroz en las turberas muestra de nuevo la ignorancia del gobierno, que quiere comercializar con las turberas en lugar de protegerlas y renaturalizarlas.

Tercero: el gobierno tendría que poner la producción de alimentos en manos de agricultores y concederles el derecho a la tierra

Después del fracaso del PLG, el gobierno tendría que restaurar la zona. La población debe recibir una compensación, algunos ya la han recibido. Pero en realidad, está aumentando la desigualdad en el uso de la tierra y surgen una y otra vez conflictos por la tierra. La razón radica en una política que concede permisos para plantaciones de palma aceitera en gran parte de la PLG. Tanto las normativas relativas al uso de la tierra como otras regulaciones legales se quebrantan al conceder permisos en bosques o turberas protegidas. Estas violaciones de la ley ocurren a la vista de todos y, sin embargo, no se persiguen legalmente. Esto tiene como consecuencia los graves conflictos por las tierras y el robo de tierras indígenas. Se están destruyendo las tradiciones de la agricultura y la pesca, que constituyen un uso ecológico de la tierra, y se pierde el cultivo colectivo de la tierra propio de los pueblos indígenas. El asentamiento de inmigrantes de otras islas - transmigrantes - también ha cambiado la estructura social y las formas tradicionales de propiedad de la tierra en algunas zonas. Cuando los sistemas estatales propiedad de la tierra mediante títulos y las ideas tradicionales sobre la propiedad de la tierra chocan, surge una importante causa del conflicto.

Sobre la base de las consideraciones anteriores, decimos, una coalición de organizaciones de la sociedad civil ambientales y de derechos indígenas de forma clara e inequívoca:

Rechazamos las plantaciones de arroz en suelos de turba en Kalimantan central y otras regiones de Indonesia”

En los tiempos de la pandemia, el gobierno tendría que poner los recursos naturales en primer lugar para prevenir la propagación de la enfermedad Covid-19. Además de abordar la amenaza directa del Covid-19, el gobierno también debe cooperar para prevenir el cambio climático incontrolado, de modo que el aumento de la temperatura mundial se mantenga por debajo de 1,5 grados. El gobierno debe cambiar radicalmente el sistema agrícola y el uso de la tierra a gran escala. Necesitamos una verdadera reforma agrícola basada en la soberanía alimentaria y el conocimiento local. Esta es la única manera de mejorar la salud pública y la sostenibilidad del uso de la naturaleza a largo plazo. En el mundo actual, el gobierno debería promover la diversidad de alimentos y las variedades locales en los diferentes lugares de Indonesia. Debe promover la agricultura rural en tierras adecuadas o incluso en antiguas plantaciones y suelos minerales degradados, para optimizar la producción de alimentos. Debería proporcionar a los agricultores tecnologías sencillas. Pero debería también rechazar la agricultura a gran escala, las tecnologías caras y la agricultura en turberas.

También pedimos al gobierno que deje de desalojar tierras agrícolas para infraestructuras, minería y plantaciones de palma aceitera. Esta política no sirve a los intereses de la población. Ha llegado el momento de que la agricultura y la producción de alimentos vuelvan a los agricultores para ser los pilares en el país agrícola que es Indonesia.

¡Por la justicia y el medio ambiente!

Coalición de organizaciones de la sociedad civil y particulares

Para ver la lista de organizaciones firmantes de la declaración pincha aquí.

Carta

Para: Presidente Joko Widodo, Ministra de Medio Ambiente y Bosques Siti Nurbaya Bakar, Gobernador de la Provincia de Kalimantan Central Sugianto Sabran, Jefe de Distrito de Pulang Pisau Eddy Pratowo, Director del Departamento de Turberas Nazir Foead

Estimado Señor Presidente:

Las organizaciones ambientales y ecologistas de Indonesia advierten del devastador plan que tiene su gobierno para establecer 300.000 hectáreas de plantaciones industriales de arroz en suelos de turba.

Basándose en la experiencia del proyecto previo PLG (Pengembangan Lahan Gambut) y la difícil restauración de turberas deforestadas y secas, concluyen que el nuevo plan precisará de grandes cantidades de dinero, mientras lo más probable es que no funcione. El nuevo proyecto Cetak-Sawah significa la destrucción del medio ambiente porque se basa en la sobreexplotación de los recursos. Este tipo de política económica pone en peligro la supervivencia de la humanidad.

Especialmente en tiempos de crisis de coronavirus y de la cada vez más urgente catástrofe climática, Indonesia debería proteger las turberas de manera eficaz. Los suelos de turba son ecosistemas únicos y son sumamente importantes para el equilibrio del clima y la protección de la biodiversidad en los humedales, lo que a su vez puede llegar a prevenir zoonosis que se derivan de la destrucción de la naturaleza. Indonesia debería mostrar una seria voluntad política para frenar el aumento de la temperatura media mundial. ¡Sólo funcionará si protegen las turberas!
Todos los años los habitantes de Borneo y otras islas indonesias, así como los países vecinos, tienen que soportar el humo, el polvo y los incendios forestales. Estos resultan en enfermedades respiratorias y muerte. ¡Pero es deber del Estado proteger la salud de la ciudadanía!

La destrucción de los bosques puede liberar nuevos virus. Por lo tanto, es incomprensible que en tiempos de pandemia se planifique exactamente lo contrario de lo que se necesita realmente, que es la renaturalización de los suelos de turba y la protección de las últimas selvas tropicales.

Por último, ecologistas advierten en una declaración pública que la política económica no debe basarse en la explotación de los recursos naturales. En cambio, Indonesia debería promover una agricultura local diversa.

Estoy de acuerdo con las demandas de los grupos y ambientalistas indonesios, en particular porque Indonesia tiene que desempeñar un papel central en la lucha contra el calentamiento de la Tierra y las pandemias que se originan en la destrucción de las selvas tropicales y, por tanto, de los hábitats de vida silvestre.

Con mis mejores deseos,

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