Crear alternativas de vida en Haití para reconectar con la tierra
El compromiso de la Universidad Itinerante de la Resistencia UNIR en Haití es apoyar la resistencia de las comunidades locales para la defensa territorial y la creación de alternativas de vida. Para lograr el objetivo, necesitan además romper con el aislamiento de Haití con respecto al resto de América Latina.
El proyecto en síntesis
TemáticasPersonas
Objetivo(s) Autonomía, Cuidado del Territorio, Creatividad como Resistencia
Actividad(es) Talleres, experiencias comunitarias, huertos, videos
Nuestra organización aliada UNIR nace en el año 2019 de la observación de que Haití está aislada de la región que integra.
Un diagnóstico arroja que varias comunidades locales perciben la minería como una amenaza inminente, especialmente para el agua, para la tierra y para el futuro ambiental. Estudios del gobierno dicen que hay oro, bauxita, nickel y sobre todo, cobre.
En un país pequeño y densamente habitado como Haití, no hay territorios vacíos: las áreas o bien están habitadas o bien son zonas agrícolas. Haití atraviesa un momento duro, de inseguridad, con una elevada tasa de migración. Sin presidente, atualmente el país está gobernado por un consejo de transición. Desde hace más de una década, diferentes empresas nacionales y extranjeras han mostrado interés en el potencial minero del país, particularmente en zonas del Norte y Nordeste. El único motivo por el cual esos proyectos mineros aún no han sido aprobados es la falta de un parlamento en funcionamiento que lo lleve a cabo. En esta situación, el estado no funciona como debería y muchas leyes no son claras. La ley de protección del medio ambiente, por ejemplo, podría estar en peligro ya que se están introduciendo cambios. Amplias zonas rurales enfrentan ya la erosión, la escasez de agua y la vulnerabilidad climática.
Frente a la amenaza de la minería, UNIR-Haití prioriza acciones urgentes y concretas que refuercen las alternativas locales en diferentes comunidades.
Proyectos minero-extractivos planean sobre el país
El 30 de marzo de 2026, el gobierno haitiano publicó un nuevo decreto minero que reorganiza las reglas, el territorio y el marco legal para el control territorial y la prospección, exploración y explotación de minerales en el país. Previamente, ya se habían otorgado algunos permisos de exploración minera. El decreto crea un “catastro minero”, un sistema centralizado de registro y cartografía de títulos mineros, autorizaciones y perímetros de explotación.
Se tomó una decisión con profundas implicaciones territoriales, ambientales y sociales sin debate parlamentario y sin consulta pública.
UNIR, Haití
Frente a esta política administrada por la Autoridad Minera Nacional, una de las principales preocupaciones es proteger las tierras, el agua y las formas de vida. Para entender mejor y reflexionar conjuntamente sobre la situación, UNIR enfoca su trabajo en entender también las relaciones políticas y económicas en Latinoamérica. Para ello, organizan intercambios con el pueblo haitiano, con activistas de Haití y de América Latina: para conocer sus historias de resistencia, desafíos, compartir y crear amistad. Para utilizar en algunas de las actividades han creado un juego de cartas con preguntas y respuestas sobre la minería.
Alternativas tangibles y transformadoras de la realidad actual
Es importante responder a las necesidades cotidianas y que la resiliencia colectiva, arraigada a la tierra, se fortalezca. La defensa territorial solo es sostenible cuando las comunidades fortalecen su autonomía y su capacidad de reproducir la vida al margen de los modelos extractivos. Estos dos procesos —resistir la minería y construir alternativas— son inseparables. Por ello, la estrategia de trabajo ha de ser integral.
Por eso, la campaña Crear para Reconectar (en creol, Kreye pou Rekonekte) vincula directamente la defensa territorial con prácticas de restauración ecológica, reaprovechamiento de materiales, soberanía alimentaria y cuidado colectivo. En todas las experiencias se abordó la utilización de residuos orgánicos como recurso útil, transformando prácticas domésticas y fortaleciendo la relación con el territorio y evitando una mayor extracción de recursos.
En un contexto marcado por múltiples crisis —económicas, sociales y ambientales—, elegir crear no es un gesto menor. Es una postura política.
Claudia Alávez, UNIR Haití
Tres ejes forman parte de este proyecto que apuesta por soluciones construidas desde las propias comunidades para la defensa del territorio y a la sostenibilidad de la vida:
Gestión de residuos
Salud y Género
Soberanía alimentaria
Una comunidad educativa de 50 estudiantes y 2 docentes gestionan residuos construyendo un patio escolar con ecoladrillos. Es una acción comunitaria que transforma la basura en soluciones, incorporando prácticas de reciclaje ycreando espacios limpios, primero escolares y después domésticos, gracias a la creación de nuevos hábitos y responsabilidad colectiva.
Mujeres jóvenes universitarias fortalecen su enfoque de la salud con perspectiva de género, al preparar la primera producción local de toallas ecológicas reutilizables, reduciendo residuos y abordando no sólo el difícil acceso y sino también el elevado costo de los productos de higiene femenina fortaleciendo la economía local.
En torno a 50 familias instalan composteras en el norte y se capacitan en compostaje natural y producción de abonos orgánicos que utilizan como fertilización natural para la regeneración del suelo. Invirtiendo en composteras, herramientas básicas, semillas, formación y acompañamiento, promueven el uso de residuos orgánicos domésticos y reducen las quemas.
Además, en el sureste del país, promueven el huerto creol, es decir, los huertos en casa, con más de15 cultivos en un mismo espacio.
No se trata tanto de inventar algo nuevo como de dinamizar prácticas tradicionales, a través de campañas que puedan resolver la vida de las personas.
En un país marcado por siglos de extracción, ocupación y dependencia económica, el avance de la minería vuelve a abrir una vieja pregunta: quién decide sobre el territorio haitiano y quién termina beneficiándose de sus riquezas.
Claudia Alávez y Samuel Nesner
Estas iniciativas responden a problemas reales y ofrecen alternativas concretas que revalorizan saberes localesfrente a los modelos que generan dependencia de insumos importados, contaminación y despojo. Uno de los aprendizajes del proyecto es que“crear es negarnos a depender únicamente de soluciones externas, confiar en nuestros saberes y en nuestras capacidades colectivas y transformar la vida cotidiana en un espacio de dignidad”.
Para facilitar la comunicación entre organizaciones y personas dentro de Haití, el proyecto se completa con la producción de materiales audiovisuales y su difusión (entrevistas sobre alternativas en otras partes de Latinoamérica, corto documental, etc).
El idioma es una barrera importante para las personas de Haití que hablan creol y algunas también francés. Para facilitar la comunicación con organizaciones y activistas de todo el continente y romper este aislamiento idiomático con respecto al idioma mayoritario en el resto de Latinoamérica, llevan a cabo continuamente cursos de español.
Por último, UNIR invita a ponerse en contacto y a sumar fuerzas con otras organizaciones e iniciativas que trabajan en este mismo camino de creación y resistencia, para compartir aprendizajes y fortalecer procesos de manera colectiva. Porque cuando las experiencias se conectan, se vuelven más fuertes.
En la próxima fase del proyecto, UNIR apunta a trabajar para poder llegar a declarar Territorios Libres de Minería, trabajando en red con otras organizaciones que cuentan con experiencias previas similares.
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