Sed de petróleo: etnocidio y destrucción en la Amazonía ecuatoriana

Yasuni, Ecuador Defendamos el Yasuni (© Pato Chavez)
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Fin de la petición: 31 ago. 2016

Autoridades ecuatorianas están tramitando la licencia ambiental para concesionar un nuevo bloque petrolero en Yasuní, parte de la Amazonía ecuatoriana. Allí existen mayores evidencias de la presencia de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, y es quizá el lugar con la mayor biodiversidad del planeta. Apoye una Carta Abierta.

Carta

Para: Presidente de Ecuador Econ. Rafael Correa; Vicepresidente Ing. Jorge Glas; Ministra del Ambiente Dra. Lorena Tapia; Ministra de Justicia, DDHH y Cultos Dra. Ledy Zúñiga R.

Impidan las operaciones petroleras en el territorio de los pueblos aislados Tagaeri y Taromenani y preserven la biodiversidad

Leer la carta

La red YASunidos, defensores del Yasuní, sostiene que no es posible extraer petróleo sin impactos ecológicos y sociales irreversibles, a pesar de los argumentos del gobierno ecuatoriano sobre la utilización de tecnología punta para minimizar los daños de la extracción petrolífera.

Hay actividad petrolera en la Amazonía ecuatoriana desde finales de los 60 con devastadoras consecuencias sociales y ambientales. Dentro del mismo Parque Nacional Yasuní, que ya es símbolo mundial de resistencia a la extracción petrolera, extraen petróleo en los bloques 12, 15, 16 y 31. Al suroeste del parque se encuentra el bloque 55 o Campo Armadillo, para cuya zona oriental estaría tramitando ahora el Ministerio de Medio Ambiente la licencia ambiental para la concesión petrolera.

Pato Chávez es uno de los voceros de YASunidos y sostiene que debido a la presencia de los pueblos ocultos "debería estar negada toda actividad de extracción".

El también miembro del colectivo y abogado Pablo Piedra insiste en que la actividad petrolera en ese territorio "sería devastadora para su frágil y amenazada existencia". Unas 33 especies se encuentran en peligro de extinción, de acuerdo a la UICN.

El propio estado ecuatoriano suspendió en 2009 la prospección petrolera en el Armadillo, por evidencias de la presencia de los pueblos Tagaeri y Taromenane viviendo en aislamiento voluntario -la Constitución ecuatoriana (Art. 57) considera etnocidio las actividades extractivas en territorio taromenane. Pero en septiembre 2013, el Gobierno se contradijo al declarar oficialmente que en Armadillo no hay pueblos ocultos y dar vía libre a la extracción de petróleo.

La Carta Abierta de quienes por años trabajan de diversas formas en la protección de estos pueblos, pide al gobierno ecuatoriano paralizar la actividad petrolera en el Bloque 55. Súmate.

Más información

CARTA ABIERTA

 

Econ. Rafael Correa D.

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR

Ing. Jorge Glas E.

VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR

Dra. Lorena Tapia

MINISTRA DEL AMBIENTE

Dra. Ledy Zúñiga R.

MINISTRA DE JUSTICIA, DERECHOS HUMANOS Y CULTOS

 

En sus despachos,

Profundamente preocupados por la inminente entrega de la licencia ambiental para el bloque 55 más conocido como Campo Armadillo por parte del MAE, zona donde se produjeron las muertes de Héctor España y Luis Castellanos en 2005 y 2008 respectivamente; donde se han documentado más de 5.000 registros y testimonios (muchos de ellos recientes); donde los propios documentos del MAE y el Plan de Medidas Cautelares reconocen la presencia de “pueblos indígenas en aislamiento voluntario” [1], alertamos que activar las operaciones petroleras en esta zona del bloque sería fatal para los PIAV, pero también para la credibilidad de su gobierno y la institucionalidad en materia de derechos de los Tagaeri y Taromenane.

Les recordamos que en los dictámenes de la Política Nacional de los Pueblos en Situación de Aislamiento Voluntario, el estado debe asumir:

−      que se garantice la posesión ancestral de los territorios que habitan y usan para sus actividades de subsistencia y la intangibilidad de los mismos;

−      que se garantice su movilidad de acuerdo a sus patrones culturales;

−      que se comprenda que la presencia de los Tagaeri, Taromenani y otros que se encuentren en situación de aislamiento voluntario asegura que vastas porciones del Parque Nacional Yasuní se encuentren en buen estado de conservación;

−      que su exterminio no sea jamás considerado como un medio para facilitar las actividades extractivas en la Amazonía, ni como un resultado colateral inevitable”[2].

 

En las Líneas Estratégicas para la Acción se establece como obligación: “Consolidar y potenciar el principio de intangibilidad” y se menciona como prioridad: “Se promoverá a futuro un nuevo ordenamiento territorial que impida las operaciones petroleras en la zona de influencia al territorio ocupado por los Tagaeri y los Taromenani.

 

Pero además las recomendaciones del Informe del año 2013 de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos sobre  “Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial en las Américas”, sección sobre Recursos Naturales[3]: Se  declara que deberá “Abstenerse de otorgar licencias o autorizaciones para realizar actividades relacionadas a la extracción de recursos naturales, como la minería, actividades hidrocarburíferas, de deforestación, ganaderas y agroindustriales, entre otras, en áreas con presencia o tránsito de pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial, incluidas zonas de amortiguamiento”.

 

Lo obvio, lo sensato, lo correcto y apegado a la ley y a la Constitución es el  cierre definitivo del Bloque 55 (Armadillo), la anulación de toda concesión expedida sobre este, así como la ampliación de la Zona Intangible Tagaeri Taromenane hacia este bloque y más aún hacia definir y alcanzar un territorio que proteja a perpetuidad la integridad, y sus derechos humanos fundamentales evitando así un inminente etnocidio.

  

Un pozo más en el Yasuní, un día menos en la existencia de los Tagaeri y Taromenane”.

Atentamente,

 

 


[1] El Ministerio de Ambiente y Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos, enviaron en abril de 2013 un mapa en donde se identifica la ubicación de cuatro grupos de PIAV, entre ellos el “Grupo Armadillo”.

[2] “Política Nacional para los Pueblos en Situación de Aislamiento Voluntario”; Gobierno Nacional de la República del Ecuador. Pp. 6, 7

[3] “Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial en las Américas”, sección sobre Recursos Naturales”; Comisión Interamericana de los Derechos Humanos. Pp. 81

Carta

Para: Presidente de Ecuador Econ. Rafael Correa; Vicepresidente Ing. Jorge Glas; Ministra del Ambiente Dra. Lorena Tapia; Ministra de Justicia, DDHH y Cultos Dra. Ledy Zúñiga R.

Comparto las preocupaciones expresadas en Carta Abierta (https://www.salvalaselva.org/peticion/1026/sed-de-petroleo-etnocidio-y-destruccion-en-la-amazonia-ecuatoriana#more) por la inminente entrega de parte del Ministerio del Ambiente del Ecuador MAE de la licencia ambiental para operaciones petroleras en el bloque 55. Dicho bloque, también llamado Campo Armadillo, está habitado por pueblos indígenas en aislamiento voluntario.

Pido el cierre definitivo del Bloque 55 (Armadillo), la anulación de toda concesión expedida sobre este, así como la ampliación de la Zona Intangible Tagaeri Taromenane hacia este bloque y más aún hacia definir y alcanzar un territorio que proteja a perpetuidad la integridad, y sus derechos humanos fundamentales evitando así un inminente etnocidio.

Información breve sobre el tema Indígena

Por Ollantay Itzamná

Desde 1994, año en el que las Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en diferentes lugares del mundo se conmemora esta fecha con diversas actividades folclóricas. Como en otras fechas, dichas actividades están preñadas de racismo inocente, mistificaciones románticas, y muy pocas veces expresan el sueño emancipatorio de indígenas como pueblos.

En países como Honduras, Guatemala u otros que se encuentran anclados en la zaga de la historia, a las y los indígenas se los denomina todavía como etnias o tribus. Esto, cuando las instituciones y la sociedad mestiza se encuentran de buen humor. Cuando no, pues, de vagos, sucios, ignorantes no los bajan. Aunque se visten, comen y estudian gracias al arduo trabajo invisibilizado de las y los vagos. O cosechan dólares y euros de la cooperación internacional o del turismo vendiendo los aún insondables conocimientos y aportes culturales de los ignorantes.

 

Los conceptos de etnia, tribu, clan, etc., acuñados por la socioantropología dominante occidental con la finalidad de afianzar la superioridad del blanco y el supuesto atraso de los indios, son altamente racistas porque asumen a las y los indígenas como piezas de museo o costales de huesos de antaño. El Convenio 169° de la Organización Internacional del Trabajo (1987) contiene aún este enfoque.

 

Producto de la resistencia indígena ante la colonización, las repúblicas y la neocolonización, las Naciones Unidas, en la década de los 90 del pasado siglo, consensuó el concepto de pueblo (comunidades con historias vivas) para referirse a las y los indígenas (originarios) en el mundo. Y la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas (2007) contiene esta orientación ideológica, y afianza el derecho a la autodeterminación de indígenas como pueblos. Éste es el sentido genuino de la celebración del Día Internacional de Pueblos Indígenas.

 

Para ser pueblo indígena no es suficiente con compartir historia, idioma, espiritualidad, cultura y consanguinidad común. Ante todo, es necesario cohabitar en territorios ocupados por los ancestros desde antes de la colonia. Es decir, la condición básica para ser pueblo indígena es su sentido de pertenencia histórica a la tierra y territorio (modo de interactuar con la comunidad cósmica). Se es pueblo indígena, no sólo porque se comparte una tradición, sino porque se cohabita e interactúa en y con un territorio ancestral. De este sentido de pertenencia ancestral a la Tierra nacen las identidades indígenas. Por tanto, no cualquier comunidad cultural u organización campesina puede ser asumida como pueblo indígena.

 

La autoafirmación de indígenas como pueblo trastoca todos los enfoques históricos que abordaron de forma inconclusa la problemática del indio. En la colonia, desde un enfoque de la antropología creacionista, se debatió la condición humana del indígena. Teóricamente se asumió que las y los indígenas somos humanos (conde derecho al Bautismo), pero el sistema colonial cristiano nos aniquiló como a no humanos. En la etapa republicana, desde un enfoque económico, se debatió que el régimen de la distribución y propiedad de la tierra era el meollo del problema del indio, pero los republicanos (liberales y conservadores) afianzaron el régimen del gamonalismo y la servidumbre indígena como combustible para mover los engranajes del sistema republicano. El mayor esfuerzo que hizo la República para con el indio (al no poder aniquilarlo) fue asimilarlo mediante los procesos de mestizaje, pero incluso en esto se aplazó.

 

Y así llegamos al siglo XXI, y la acelerada emergencia de diferentes sujetos colectivos indígenas que diluyen los moldes teóricos occidentales de comprensión y explicación de la realidad indígena. La cuestión indígena, hoy asumida ya no como un factor étnico, sino como una categoría sociopolítica, sacude incluso el sustento teórico del Estado nación y su democracia representativa. Los actuales procesos impulsados por los pueblos indígenas en Los Andes es una evidencia de ello.

 

El problema del indio no es sólo problema de tenencia de tierra, de educación o de asistencia humanitaria. El problema indígena es, ante todo, el racismo institucionalizado (edulcorado de paternalismo romántico) que trata a las y los indígenas como no sujetos o “ciudadanos” menores de edad en un Estado nación monocultural (ladinocéntrico) Además, nuestro problema está en que las y los indígenas hemos asumido la condición de indio (sumiso, conformista, miedoso, etc.), que el sistema nos ha configurado en el alma, como una realidad natural, y como el único modo de sobrevivencia. Si no levantamos la cabeza, no podremos ni ver, ni soñar con promisorios horizontes que nos depara nuestra emancipación pendiente.

 

Para romper este lesivo modo de vida, las y los indígenas debemos asumir nuestro derecho a la autodeterminación ya no como una opción, sino como una obligación existencial. No estamos condenados a sobrevivir eternamente como clandestinos sobre nuestra Madre Tierra. No estamos condenados a servir de combustible al Estado nación que jamás existió para nosotros. No fuimos hechos necesariamente para ser cristianos despojados. Nuestro Sur no es el ser mestizos. Devolvamos las tarjetas de identidad a los estados excluyentes y las biblias a las iglesias, y exijamos a que nos devuelvan nuestras tierras y territorios para concertar estados plurinacionales y sociedades interculturales.

Fuente Alainet