Crónica de un atropello en marcha: la minería en Intag

Bosque de niebla amenazado por proyecto minero Bosque nublado de Intag, cantón Cotacachi, provincia Imbabura, Ecuador

26 mar. 2013

Este mes la zona de Intag, Ecuador, cumple 6630 días de resistencia frente a un proyecto minero a gran escala.

En marcha porque todavía no se concreta.  Se está definiendo, planificando, financiando, pero sin duda, se encuentra en marcha.

Un proyecto de minería de cobre a  cielo abierto que los expertos japoneses, autores del único Estudio de Impacto Ambiental elaborado para una pequeña mina, pronosticaron que arrasaría con más de 4.000 hectáreas, secaría nuestro clima, contaminaría nuestras fuentes de agua con metales pesados, y que reubicaría a, por lo menos, cuatro comunidades.  Poco después hallaron cinco veces más cobre.

No ha sido suficiente para este gobierno el hecho que las comunidades- apoyadas por gobiernos locales- han expulsado a dos transnacionales de los bosques nublados primarios donde encontraron el cobre y donde nacen incontables fuentes de agua prístinas y que albergan a decenas de especies en terror de  extinción. Estos mismos bosques son mucho más amenazados que los famosos bosques del Yasuní.   Tampoco ha sido suficiente que la sociedad civil inteña, en respuesta a la devastadora amenaza minera, ha logrado crear y desarrollar un modelo de desarrollo sustentable y solidario, el cual fortalece a las comunidades y economías locales, respeta los derechos humanos y los de la naturaleza, y depende de un ambiente sano para su subsistencia.  En fin, un modelo que garantiza el tan nombrado Sumak Kawsay.

No ha sido suficiente que, desde 1997, las comunidades en asamblea tras asamblea a nivel zonal, local y cantonal han contundentemente rechazado la minería.  En todas las asambleas, sin excepción alguna.  Tampoco la actividad minera consta como alternativa deseada en ninguno de los planes de desarrollo y ordenamiento territorial de los gobiernos locales.  Después de tantos conflictos sociales asociados a los dos fallidos intentos de desarrollar la minería, no podría ser de otra manera.

Nada de esto, ni los monstruosos atropellos cometidos en contra de los derechos humanos de decenas de inteños e inteñas, o las horrorosas divisiones y conflictos generados por la última transnacional, ha sido suficiente para que el gobierno reconozca que Intag se merece desarrollar otra alternativa de desarrollo a la devastación que, en sitios como Intag, representa la minería a gran escala.  Ni siquiera pesa la evidencia incuestionable presentada por economistas expertos* donde se comprueba, sin la más mínima duda, que económicamente no le conviene al Ecuador realizar minería en sitios como Intag.

Ahora se trama otro intento de reactivar la pesadilla social y ambiental, y atropellar de nuevo los derechos de los habitantes.  Esta vez no es una transnacional: se trata de una sociedad entre la productora más grande de cobre del mundo- la chilena Codelco- y la Empresa Nacional Minera - Enami.   Gobierno y mega empresa.  El mega capital, juntamente con el cortoplacismo y entreguismo gubernamental.

En otras naciones estas formas de asociaciones empresariales han incrementado los atropellos a la naturaleza, pueblos, comunidades y derechos humanos. La principal razón es que el estado, al depender de las rentas provenientes de proyectos extractivos y ser juez y parte, no le interesa garantizar derechos ni en detener dichos emprendimientos. En dicho escenario: ¿A dónde se dirige un campesino para denunciar la contaminación de fuentes de agua con metales pesados, o la devastación de especies en peligro de extinción, o el atropello de sus derechos?  Más aún si se debilita entes como el Sistema Interamericano de Derechos Humanos.

Ahora dicen que las cosas serán diferente. Que no se trata de una empresa transnacional. Que la empresa es “del pueblo,  de ustedes mismos”. Nacionalismo. Patriotismo. Ceguera. Implican que oponerse es oponerse al “desarrollo”, a la patria, y que es imposible oponerse al poder del “estado”.  Como si el estado fuera meramente el gobierno de turno, o que existiera un solo modelo de desarrollo.

Dicen que utilizarán la tecnología más avanzada del mundo, que no habrá mayores impactos. Que se terminará con la pobreza, y  que no se contaminará el agua.  Al igual que la tecnología a gran escala que promueven, mienten a gran escala.   Siempre evitan mencionar los lugares donde se ha utilizado tal tecnología exitosamente en sitios como Intag. Seguramente estarán pensando en el desierto más árido de todo el planeta, el desierto de Atacama, donde Codelco opera sus monstruosas minas de cobre a tajo abierto, y donde a veces años trascurren sin llover ni un milímetro.   Intag es diferente.  

En el sitio donde los japoneses descubrieron el cobre llueve, en promedio, 3000mm al año.  En épocas del El Niño ni se sabe cuánto llueve porque los japoneses tuvieron que abandonar los estudios al ser expulsado de la zona en 1997.  Aquí no hay desiertos.  Aquí los bosques son super diversos y forman parte de la región más biodiversa de todo el Planeta Tierra y una de la más amenazada: los Andes Tropicales.  Los bosques nublados del noroccidente ecuatoriano albergan más especies en peligro de extinción por hectárea que cualquier área similar de la Amazonía; y falta mucho por descubrir.

Pero nada de esto importa. No importa que entre los países más pobres del mundo, se encuentren países con economías mineras y petroleras. Tampoco que las provincias mineras de Perú o Bolivia están plagadas por altísimos índices de pobreza.  El nuevo mito es que ahora se harán las cosas diferente.  

 Lo que sí importa es proveer al gran capital- ahora chino- de los recursos primarios que desesperadamente necesitan.  A cambio de un buen puño de dólares reembolsados con intereses astronómicos que sirven para llenar las arcas estatales y financiar carreteras y más carreteras.  

El nuevo atropello en marcha,  que igual atropella flagrantemente la Constitución y pulveriza la idea de vivir en un estado de derecho, inició exactamente como los otros atropellos transnacionales: Desprestigiando a las organizaciones y líderes que se oponen a la destrucción ambiental y el caos social. Estamos señalados; advertidos.  Pronto seremos directamente amenazados y perseguidos, para posteriormente ser criminalizados.  

Tendrán que inventar cargos para transformarnos en criminales. Al estilo de los 10 de Luluncoto, los 3 valientes de Kimsacocha y los restantes 197 valiosos indígenas y campesinos que se atreven a defender la vida y la Pacha Mama.  Pero no lo veo como mayor problema. En regímenes donde no existe la separación de poderes, y todos éstos se concentran en el ejecutivo, it’s no problem.  

Según el guión que normalmente las empresas extractivistas utilizan, la criminalización vendrá después del intento de comprar consciencias. De la noche a la mañana habrá trabajos para los que quieran, obras y plata para las comunidades y gobiernos Parroquiales, computadoras en cada escuela, mejoría de las carreteras, dirigentes con carros nuevos y puestos bien pagados, equipamiento de primera para los centros educativos y clínicas; etc., etc., etc.  

Para esta fase de la descomposición social resulta muy conveniente contar con serviles instituciones y funcionarios listos para reasignar presupuestos y prestar maquinarias o regalar todo tipo de equipos para neutralizar y volcar el pueblo en contra la oposición.   Así mismo hicieron las transnacionales en Intag.  Ofrecieron el oro y el moro.  Contrataron a cientos de personas a pesar que nunca pudieron iniciar actividades mineras. No lograron su objetivo con la estrategia, por lo que después vinieron los acosos, las amenazas, los montajes jurídicos, y los paramilitares. Y fracasaron.   Fracasaron intentando lograr lo mismo que pronto hará el gobierno: obtener el apoyo mayoritario para el proyecto minero que hoy se escude detrás del oxímoron  “minería responsable”.   Intentarán obtener lo que en estos días se denomina, la “licencia social”; es decir, el visto bueno de las comunidades y gobiernos locales.  

Mientras tanto, lograrán lo que lograron las transnacionales: dividir las comunidades, sembrar caos social y desconfianza a gran escala.  Viejos amigos se pelearán. Padres se distanciarán de sus hijos.  Hermanos de hermanos y madres de sus hijas.  Entre vecinos reinará la desconfianza y el odio.  Los derechos serán, como siempre, pisoteados.  Se disparará el tráfico y, por ende, los conflictos sobre tierras. La paz que ahora disfrutan las comunidades será reemplazada por conflictos y la constante zozobra. Despertarán, una vez más, lo más oscuro del ser humano: el egoísmo, la codicia, el odio, y el amor por el dinero.  

Dividirás y conquistarás.  Pero al final del día, fracasarás. Fracasarás porque los que verdaderamente tienen derecho a decidir sobre lo que pasa o no pasa en las comunidades no son los funcionarios vendidos a capitales extranjeros que viven cómodamente en las urbes.  No son gobernantes puestos a dedo o electos por cuatro u ocho, o diez años. Peor son los políticos serviles listos para alzar la mano y aprobar cualquier barbaridad que se les ocurre a sus jefes.  Los verdaderos autores llamados a decidir sobre cosas como la minería son los lugareños.  Los campesinos, las amas de casa, los pueblos y nacionalidades indígenas.  Los que han construido sus vidas en las tierras y bosques generosas, y cuyos corazones laten en sintonía con la Madre Tierra.  

Por eso los pueblos resisten.  Por el temor real de la pérdida de hogares; de las chacras, de los ríos, del sentido de comunidad y la paz social; de culturas milenarias, de los modos de vida; de la vida en sí.  Del temor a un futuro tal vez con mucho dinero, pero profundamente empobrecido. Para esto existen leyes y Constituciones.  Por eso se firman convenios internacionales, y se crean leyes, y se elaboran nuevas Constituciones.  Porque este derecho es tan primordial y tan lógico, y tan sentido en las poblaciones locales - las que no han vendido su consciencia por un puñado de dólares- que al violarlo se garantiza la resistencia.  Por eso: Atropellarás, pero no vencerás.



*La mencionada investigación que comprueba que los servicios ambientales generan más beneficios económicos que la minería en Intag y sitios similares se puede bajar aquí.