Biochar para mitigar el Cambio Climático: ¿Realidad o ficción?

Plantaciones de árboles sin fin

17 mar 2009

Un informe de Almuth Ernsting y Raquel Smolker, Febrero 2009 A medida que encaramos los catastróficos impactos del cambio climático, proliferan los esfuerzos para aplicar “ingeniería” sobre el clima. Entre estos encontramos una propuesta de utilizar los suelos como un medio para combatir el cambio climático a través de incrementar el uso de biochar. Por desgracia, como en tantos otros temas, aplicar las lógicas ingenieriles sobre los sistemas biológicos se basa en una perspectiva peligrosamente reduccionista del mundo natural, que fracasa en reconocer y tener en cuenta la complejidad y la variabilidad ecológica.

Introducción

Los suelos son extremadamente diversos y dinámicos y juegan un papel fundamental como soporte de comunidades de plantas, detritívoros (que digieren la materia orgánica) y comunidades microbianas que interactúan con la atmósfera regulando los ciclos hídricos entre otras muchas funciones. A medida que encaramos los catastróficos impactos del cambio climático, proliferan los esfuerzos para aplicar “ingeniería” sobre el clima. Entre estos existe la propuesta de utilizar los suelos como medio para combatir el cambio climático incrementando el uso de biochar. Por desgracia, como en otros de estos esquemas, aplicar lógicas ingenieriles a los sistemas biológicos se hace desde una perspectiva peligrosamente reduccionista del mundo natural, que fracasa en reconocer y tener en cuenta la complejidad y la variabilidad ecológica.

La investigación científica sobre biochar indica claramente que simplemente no existe una solución que se pueda aplicar universalmente y que muchos aspectos críticos de importancia se explican de una manera pobre. Hay todavía mucho por aprender y es probable que haya impactos negativos serios e impredecibles si se adopta esta tecnología a gran escala. Aun así, sus defensores no dudan en hacer afirmaciones insustentadas y en hacer lobby para conseguir apoyo muy significativo y para incrementar el campo de aplicación de su tecnología.

Hasta ahora ha habido muy poco debate público sobre la aplicación a gran escala de biochar. La velocidad con la que se está realizando el lobby a nivel nacional e internacional es alarmantemente, y recuerda a la acontecida con los agrocombustibles hace pocos años; poco estudiada, basada en afirmaciones no sustentadas y “maquillada de verde”, esta industria creció muy rápidamente y se aseguró apoyo político y financiero que hasta la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha declarado un error.Es importante que no repitamos los mismos errores al abrazar otra tecnología que es escasamente comprendida, que presenta riesgos inherentes y que probablemente implicará mayores conversiones del uso del suelo y la expansión de los monocultivos industriales.

¿Qué es biochar y cómo se produce?

El término ‘biochar’ fue inventado por Peter Read (uno de los defensores más conocidos de las grandes plantaciones de ‘biochar’) para describir el carbón vegetal usado como abono en agricultura. Algunas empresas usan la palabra ‘biochar’ para describir cualquier uso del carbón vegetal, incluso como combustible o para la industria, porque la palabra ‘biochar’ suena más ‘limpia y verde’ que la denominación 'carbón vegetal'.

El carbón vegetal se produce al quemar materia orgánica como madera, hierba, estiércol o residuos de la producción de azúcar de caña o palma aceitera con baja concentración de oxígeno. La combustión con poca presencia de oxígeno se conoce como pirólisis. Existen diferentes técnicas de pirólisis, dependiendo de la velocidad, la temperatura y la cantidad de oxígeno. Además de obtenerse carbón vegetal, esta forma de pirólisis también da como productos resultantes ‘bio-aceite’ y ‘syngas’, los cuales pueden refinarse aún más para su posterior uso para el transporte por carretera o, potencialmente, para elaborar combustibles para aviación. La pirólisis se puede usar para generar electricidad, combustible para barcos, calderas, fundiciones de aluminio y cocinas.

¿“Carbón vegetal mágico”? El plan maestro del lobby del biochar para salvar el clima y las crisis energética y alimentaria

Empresas como Eprida, Dynamotive, Best Energies, Heartland Bioenergy, Shell, Brazil’s Embrapa, JP Morgan Chase, Biochar Engineering el director ejecutivo de la asociación indonesa de aceite de palma (GAPKI) y la empresa de agronegocios boliviana Dessarrollos Agrícolas, entre otras, afirman que la producción de ‘biochar’ tiene un balance de carbono negativo: el carbono emitido durante la pirólisis , es supuestamente compensado con el carbono absorbido por el crecimiento natural de la planta y así “neutral” en términos de emisiones de carbono. Esta es la misma (falsa) afirmación que se ha hecho acerca de otras tecnologías basadas en material vegetal. Además, durante la pirólisis , una parte del carbono de la planta queda retenido en el carbón vegetal. Si el carbón vegetal rico en carbono, se agraga a los suelos agrícolas, se afirma que esa parte de carbono queda secuestrado en los suelos reduciendo las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera. Desgraciadamente, esta explicación ignora totalmente los numerosos impactos sociales y ecológicos que provoca el cambio de uso de los suelos que sucede cuando se crea una demanda masiva de biomasa vegetal, qie además no está respaldada por el actual conocimiento científico del uso de carbón vegetal en los suelos.

Los defensores del biochar afirman que el carbón vegetal no sólo puede retener carbono, en una escala global significativa, sino que además mejora la fertilidad de los suelos y reduce con ello la demanda de fertilizantes sintéticos y las emisiones del óxido nitroso (N2O), un potente gas de efecto invernadero. También afirman que puede conservar y purificar las aguas, prevenir la contaminación con químicos de las tierras agrícolas, reducir las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) y óxido de sulfuro (SOx) de las plantas de combustión de carbón, reducir las emisiones hollín de la combustión de cocinas, reducir las emisiones de metano resultantes de la descomposición de residuos orgánicos y mucho más. ¿No suena demasiado bueno para ser cierto?

Todas estas afirmaciones en nombre del ‘biochar’ se basan en gran medida en la observación de “Terra Preta”. Hace miles de años, los pueblos indígenas de la Amazonía Central desarrollaron métodos para crear un suelo altamente fértil y rico en carbono mezclando el carbón vegetal de una variedad de fuentes de biomasa con diversos materiales orgánicos y usándolo en sus huertos y cultivos. Los suelos de la selva Amazónica normalmente son pobres en nutrientes y contienen poca materia orgánica. Sin embargo, los suelos cuidados y enriquecidos por estos pueblos retienen hasta hoy gran parte del carbón vegetal original rico en carbono y son mucho más fértiles que los suelos que los rodean. La pregunta entonces es: ¿se puede reproducir su exitoso método a escala industrial?

Lo que quieren la industria y los lobistas

Las aplicaciones modernas y las propuestas para el desarrollo del ‘biochar’ varían en tamaño y ámbito: operaciones a pequeña escala se promueven como herramienta para mantener la fertilidad del suelo para las poblacioness que habitan en los límites de los bosques y reducir así la deforestación. Las cocinas de leña hechas para usar carbón vegetal también se promueven para reducir los problemas derivados del hollín y las enfermedades respiratorias creadas por fuegos abiertos. La pirólisis a gran escala, que da carbón vegetal como subproducto, apunta a contribuir significativamente a satisfacer la demanda energética en los países industrializados. Científicos como James Hansen, Johannes Lehmann, Peter Read, y Tim Flannery defienden la geoingeniería climática, usando tecnologías bioenergéticas que tengan un “balance negativo de carbono”, incluyendo el ‘biochar’ elaborado a partir de cientos de millones de hectáreas de “cultivos energéticos” y árboles.

Antes de cualquier debate genunino y público, los influyentes lobistas están trabajando duramente para promocionar el ‘biochar’: su principal foro internacional, la Iniciativa Internacional de Biochar (IIB – IBI en inglés), estuvo presente en la reciente Convención sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (UNFCCC) en Poznan. Allí, la Convención para combatir la Desertificación de Naciones Unidas (UNCCD) y el gobierno de Micronesia consiguieron incluir el biochar en la agenda provisional para las negociaciones climáticas de Copenhage en 2009. UNCCD hace un llamamiento a incluir el biochar en el “diálogo del régimen climático posterior a 2012”, junto a la “forestación y reforestación”. También persiguen la revisión de los lineamientos de los Mecanismos de Desarrollo Limpio (MDL – CDM en inglés) (afirmando que se puede medir con precisión y de manera directa las ‘ventajas’ que supone el biochar), y la eliminación del límite del 1% para el crédito que actualmente se aplica a la “forestación y reforestación”. Se podría hacer una recomendación al Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (OSACT – SBSTA en inglés) en Junio de 2009, seguido por su aprobación en el UNFCCC en Copenhagen, en Diciembre de 2009.

En una reciente conferencia de alto nivel organizada por IES, GLOBE-EU y GLOBE-EUROPE, el Comité Europeo Social y Económico y EurActiv consideraron peticiones no sólo de créditos del MDL para biochar, sino de duplicar los créditos de MDL. Biochar Europe, que incluye Shell, JP Morgan, una empresa de compensación de carbono y el Centro para las Innovaciones Rurales (organizadores de la Primera Conferencia Internacional sobre Compartir Soluciones Innovadoras en el Agronegocio), está haciendo un fuerte lobby para incluir el ‘biochar’ en el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (EU ETS en inglés), así como para establecer una Plataforma Tecnológica del Biochar. En EEUU, el lobby del ‘biochar’ está muy bien conectado con la nueva administración. El nuevo secretario de Interior, Salazar, presentó anteriormente una enmienda al Farm Bill (propuesta legislativa agraria) para apoyar la investigación y el desarrollo del ‘biochar’. Uno de los principales grupos estadounidenses detrás del ‘biochar’ es Renew the Earth. Está muy bien conectado nacional e internacionalmente. En Australia, la oposición del Partido Liberal apoya el uso del carbón vegetal a gran escala como fertilizante para suelos, en Nueva Zelanda el Ministro de Bosques ha anunciado su apoyo, Embrapa en Brasil está representado en la Iniciativa Internacional de Biochar. En diversos países se han formado foros de lobby para 'biochar' como en Canadá y en Mongolia.

Promesas versus evidencias

Antes de que se concrete el apoyo financiero nacional e internacional, y antes de que aumente la producción de carbón vegetal para su uso como fertilizante, ¿no deberíamos asegurarnos de que los beneficios que tanto se proclaman sean ciertos? Aunque sea cierto que Terra Preta tuvo mucho éxito, los pueblos indígenas de la Amazonía pre-colonial desarrollaron su técnica sobre un largo período de tiempo en la producción a pequeña escala, técnicas de agricultura biodiversa y un conocimiento actualmente casi perdido por completo. El carbón vegetal fue sólo parte de su técnica. Las técnicas modernas, basadas en los monocultivos industriales que buscan una recompensa económica inmediata son muy diferentes. ¿Cómo se sostienen las afirmaciones?

¿Biochar incrementa la fertilidad del suelo? Un vistazo a la evidencia

Los agricultores que crearon Terra Preta añadieron diversos tipos de biomasa al suelo, favoreciendo la creación de humus a la vez que producían carbón vegetal. Contrariamente, los defensores del ‘biochar’, pretenden utilizar residuos de la agricultura y silvicultura, lo que a su vez reduciría la presencia de humus. Si se hace a gran escala, significaría el reemplazo de cantidades de humus por carbón vegetal biológicamente ‘muerto’. Una estrategia experimental potencialmente muy peligrosa.

Como bien saben los agricultores que han practicado la tala y quema desde hace tiempo, añadir un poco de carbón vegetal al suelo puede contribuir a mejorar su fertilidad temporalmente, sobre todo porque el carbón vegetal “fresco” retiene nutrientes escnciales para el crecimiento de la planta. Esto es distinto de los efectos a largo plazo de la fértil Terra Preta. Diversos estudios muestran que el suelo mezclado con carbón vegetal tiene propiedades distintas a las de Terra Preta (1). El edafólogo Bruno Glaser sugiere que se demora entre 50-100 años para que las interacciones entre los microbios del suelo y el carbón vegetal generen suelos que se parezcan a los de Terra Preta (2). Un estudio de campo reciente realizado cerca de Manaos, Brasil (uno de los pocos publicados en revistas científicas internacionales revisadas) encuentra que el carbón vegetal mezclado con fertilizantes sintéticos tiene mejor rendimiento comparado con el uso sólo de fertilizantes, pero los rendimientos más altos se obtenían al utilizar sólo estiércol de pollo. El uso exclusivo de carbón vegetal en realidad impide completamente el crecimiento de la planta después de dos cosechas! (3). Otros estudios muestran que el uso de carbón vegetal agregado a los suelos puede, a corto plazo, o bien incrementar, o bien menguar el rendimiento de las plantas, dependiendo entre otras cosas de las cantidades de carbón vegetal añadido, el tipo de suelo y el cultivo (4). No existen estudios a largo plazo y por tanto no se sabe si el aumento del crecimiento vegetal que ha sido observado en ocasiones con las adiciones de carbón vegetal se mantendría a largo plazo. La propaganda de la fertilidad del biochar es peligrosamente infundada.

De hecho, gran parte de la industria y el foco de la investigación está centrado en producir fertilizante combinando carbón vegetal y fertilizante de nitrógeno sintético (bicarbonato amónico). Una empresa estadounidense, Eprida, fue la pionera en el desarrollo de esta tecnología. Esta usa la pirólisis para producir hidrógeno y carbón vegetal. Éste se usa como herramienta para lavar los gases de la chimenea de las instalaciones para la quema del carbón. Gases NOx, SOx y CO2, se adhieren al carbón vegetal. Por cada Kg de carbono que ‘se captura’ en una planta térmica de carbón, se necesita quemar 33 Kg. de biomasa seca. Se sabe poco sobre el destino de los gases del carbono en suelos, y se sabe aún menos sobre el proceso del carbono que proviene del carbón vegetal. Sin embargo, Eprida afirma que esto permitiría a las térmicas “conseguir la reducción (de CO2) sin reducir la eficiencia de la planta” (5). Este biochar ‘enriquecido’ se usa como un fertilizante lento. Quizás se trate de una estrategia creativa para convertir la biomasa en fertilizante, pero el resultado es una mal llamada tecnología de captura y secuestro de carbono que perpetuará el uso del carbón y pone una peligrosa fe ciega en la retención del carbono en los suelos.

Es más, los fertilizantes de nitrógeno provocan emisiones de óxido de nitrógeno que es un gas de efecto invernadero aproximadamente 300 veces más potente que el dióxido de carbono. Los promotores de esta tecnología afirman que añadir carbón vegetal a los fertilizantes podría reducir las emisiones de óxido de nitrógeno del suelo y reducir también la cantidad de fertilizantes de nitrógeno que se usan si dichos fertilizantes se hacen más eficientes a partir de la mezcla con el carbón vegetal. Sin embargo, Johannes Lehmann, edafólogo y presidente de la Iniciativa Internacional de Biochar (IIB) ha afirmado que no se sabe con seguridad si el carbón vegetal reduce las emisiones de óxido de nitrógeno así como tampoco se conoce demasiado bien el impacto global del carbón vegetal sobre el nitrógeno del suelo(6).

¿Podemos confiar en que el biochar secuestrará carbono?

No hay ninguna duda sobre que el carbono de biochar acabará de vuelta en la atmósfera en algún momento futuro. Se trata de carbono biológico, libre de circular en la atmósfera, los suelos, las plantas, los océanos, etc. y por tanto, con capacidad de contribuir al cambio climático. Por otra parte, el carbono fósil, se encuentra secuestrado de forma permanente y segura en la corteza terrestre. El cambio climático está causado por un doble impacto, de extraer por un lado el carbono fósil y liberarlo en la biosfera, y de dañar tan gravemente los ecosistemas, que se disminuye su capacidad para almacenar carbono. El ‘biochar’, como otras technologias de ‘bio’-secuestro, no contiene el flujo de carbono de origen fósil en la biosfera. En lugar de eso, lo que se pretende es resolver el problema mediante la manipulación de la capacidad de la biosfera de actuar como sumidero. Lo que es peor, el cercano vínculo existente entre la industria de carbón y la producción de biochar, como en las empresas Eprida y Carbon Crucible, sugiere que con ‘biochar’ se continuará perpetuando la quema de combustibles fósiles. Este sería el caso si el biochar se incluye en los mecanismos de comercialización de carbono, donde se podría usar como ‘compesación’ y legitimar la quema de combustibles fósiles.

¿Puede el carbon vegetal actuar como un sumidero de carbono confiable?

Los pueblos indígenas del Amazonas lograron diseñar un método que ha mantenido el carbono en el suelo por miles de años. En otros lugares, se ha encontrado carbón vegetal que continúa en el suelo después de 23.000 años. De acuerdo a Lehmann y otros, la aplicación moderna a gran escala del carbón vegetal podría secuestrar hasta 9,5 billones de toneladas de carbono por año, lo que requeriría unos 500 millones de hectáreas de plantaciones forestales. Aunque duplicáramos el éxito de Terra Preta a pequeña escala, los impactos climáticos de convertir grandes superficies del planeta en plantaciones de árboles para producir carbón vegetal, sería devastador e implicaría deforestación a gran escala y destrucción de otros tipos de ecosistemas. El carbono contenido en el carbón vegetal podría ser secuestrado durante cierto tiempo, pero ¿cuánto tiempo es ‘cierto tiempo’? y ¿qué pasaría si no funciona? ¿qué pasaría si el carbón vegetal moderno se mantuviera en el suelo durante 100 años o incluso menos, y después se liberara súbitamente de vuelta a la atmósfera? Los defensores del biochar se muestran muy seguros de que el biochar debería ser clasificado como un sumidero ‘permanente’ de carbono, por lo menos lo suficientemente permanente como para ser incluido en el acuerdo climático posterior a 2012. Sin embargo, los resultados de los estudios edafológicos a pequeña escala elaborados hasta la fecha muestran un escenario completamente diferente.

Para que biochar sea considerado un sumidero de carbono estable, debería cumplir por lo menos dos condiciones: primera, debería existir seguridad acerca de que el carbono del carbón vegetal no acabará siendo emitido de vuelta a la atmósfera en forma de CO2. En segundo lugar, debería existir también seguridad acerca de que al añadir carbón vegetal a los suelos no se causará la degradación de grandes cantidades de carbono ya existentes en el suelo y su consecuente liberación de CO2. A día de hoy, ninguna de estas dos condiciones se puede garantizar.

El biochar puede llegar a ser una fuente de carbono?

El éxito de Terra Preta prueba que bajo ciertas condiciones ambientales, parte del carbón negro (el tipo de carbono que se encuentra en el carbón vegetal) puede permanecer en el suelo durante largos períodos de tiempo. Pero existe también clara evidencia de que el carbón negro puede ser, y frecuentemente lo es, liberado del suelo. A nivel mundial, se produce mucho más carbón negro cada año por incendios que el que permanece en los suelos o acaba en los océanos mediante la erosión. Un estudio científico reciente que fue sido sometido a revisión reveló que de los restos de carbón negro que quedaron después de la tala y quema para la agricultura en Kenia occidental, el 72% del carbono se perdió los primeros 20-30 años (7).

Los procesos a través de los cuales se pierde el carbón negro no se comprenden adecuadamente. Johannes Lehmann de la Universidad de Cornell, presidente de IIB, ha confirmado que se sabe muy poco sobre el tiempo que permanecerá el carbón vegetal en el suelo y que esto dependerá de diversos factores como el tipo de suelo, el clima, el tipo de biomasa utilizada y la temperatura a la que se carboniza (8). No es seguro que todo el carbón negro que se libera del suelo acabe en la atmósfera en forma de dióxido de carbono, pero existen evidencias preocupantes de que sí es así para una parte significativa.

Los incendios forestales juegan un papel importante en la pérdida del carbono del suelo del carbón vegetal. Actualmente, se está llevando a cabo un estudio sobre si los incendios pueden ser una de las causas de que el carbono del carbón vegetal se degrade y se libere a la atmósfera (9). Entretanto, existen buenas evidencias de que los microbios del suelo pueden metabolizar carbón negro, lo cual sucede y , como consecuencia, el carbono del suelo se libera en la atmósfera (10). De hecho, una preocupación es que la aplicación del carbón vegetal a gran escala pudiese crear un nicho ecológico expandido para los microbios que degradan el carbón vegetal (11). También hay una fuerte evidencia de que el carbón vegetal puede incrementar la actividad microbiana del suelo lo que degrada a su vez el carbono orgánico del suelo (no carbón vegetal) preexistente en dióxido de carbono. Otro estudio reciente, también revisado, sugiere que depositando carbón vegetal en los suelos del bosque boreal puede conducir a una pérdida de sustanciales cantidades de carbono orgánico del suelo en un periodo de 10 años (12).

Varios estudiosmás están investigando (13,14) sobre si el biochar podría incrementar el dióxido de carbono del suelo. Un estudio a corto plazo realizado en Colombia identificó un gran incremento de pérdidas de carbono después de haber añadido biochar (un 31%). No fue posible establecer con seguridad la fuente de carbono, pero el autor piensa que las pérdidas se deben al crecimiento incrementado de la biomasa vegetal resultante en el primer año después de añadido el biochar, seguido de la posterior reducción (comunicación personal).

Los resultados iniciales de un estudio llevado a cabo por científicos daneses sugieren que el biochar incrementa el flujo de dióxido de carbono de los suelos. Los autores plantean la cuestión de si se esto se debe a un incremento de la actividad microbiana en el carbón vegetal y la descomposición del carbono orgánico preexistente en el suelo, o si el carbono del carbón vegetal se pierde por la oxidación. En resumidas cuentas, todavía existen aspectos cruciales y complejos del biochar que se desconocen.

En síntesis, hay muy pocas evidencias para estar seguros de que el carbón vegetal retendrá carbono en los suelos. El carbón vegetal mismo puede degradadarse, y el carbón vegetal fomenta la actividad microbiana que en algunos casos degrada el carbono del carbón vegetal mismo, o el carbono orgánico del suelo, o ambos. En otras palabras, el carbón vegetal en el suelo tiene el potencial de convertirse en una fuente de carbono, más que en un sumidero de carbono. Esto se acentúa todavía más si se incluyen en la ecuación las emisiones de carbono asociadas a la conversión de tierras a gran escala que se discutirán más abajo.

Otros impactos de 'biochar' en el calentamiento global

El hollín es el segundo mayor contribuyente al calentamiento global después del dióxido de carbono, de acuerdo con James Hansen. Se produce con la quema de combustibles fósiles y la biomasa. Los defensores de biochar afirman que los hornos productores de carbón vegetal pueden jugar un papel fundamental en la reducción de las emisiones de hollín, lo cual también sería cierto para otros tipos de cocinas de biomasa ‘limpia’. Un estudio de Dominic Woolf advierte que si el carbón vegetal no se transporta, se almacena y se añade a los suelos con cuidado, el contenido de carbón negro podría convertirse en hollín y contribuir así al calentamiento global (14). Esto plantea la cuestión sobre cómo incorporar biochar a los suelos. Algunas imágenes de un experimento australiano con biochar indican que por ejemplo Best Energies simplemente deposita el biochar por encima del suelo y la vegetación sin incorporarlo (16). Pero para evitar el problema del hollín, sería probablemente esencial que el biochar se enterrase en profundidad en los suelos, proceso disruptivo que podría generar emisiones de carbono del suelo.

Afirmaciones sobre la retención de agua en los suelos y el drenaje de nutrientes

Los defensores del biochar afirman que este puede incrementar la retención de agua en los suelos, reduciendo así la necesidad de riego. Esto tendría como resultados mayor crecimiento vegetal, menor pérdida de agua y reduciría la erosión de los suelos y el drenaje de los nutrientes agrícolas (una de las principales causas de contaminación del agua potable y marina).

Efectivamente, existen evidencias de que el biochar incrementa la retención de agua en los suelos – como en el caso de Terra Preta. Pero esto se ha demostrado más claramente en el caso de tierras arenosas. En suelos argilosos o limosos no sucede lo mismo; la retención de agua en los suelos limosos no cambia y en los suelos argilosos, la retención de agua en realidad se reduce. Además, existe la preocupación de que el carbón vegetal tiene propiedades que cambien con el tiempo y que, especialmente después de un incendio, pueden implicar que los suelos repelan al agua (17).

En relación al drenaje de nutrientes, las evidencias son contundentes no son tampoco en este caso uniformes. El propio Johannes Lehmann confirma que se necesita más investigación. Un estudio concluyó en que cuando se usan fertilizantes sintéticos sobre Terra Preta, el drenaje de nutrientes se incrementa fuertemente, mucho más que cuando se añaden fertilizantes sintéticos a suelos bajos en carbono. En el mismo experimento, se añadió al suelo carbón vegetal moderno junto con fertilizantes sintéticos. Esto tuvo como resultado menor drenaje de nutrientes que al usar exclusivamente fertilizantes sintéticos. Este estudio vuelve a confirmar que los suelos alimentados con carbón vegetal moderno reaccionan de manera diferente a los de Terra Preta y todavía quedan muchas incertidumbres por resolver. Aunque en ese experimento concreto el carbón vegetal moderno sí redujo el drenaje de nutrientes causado por los fertilizantes sintéticos, los resultados no se pueden extrapolar a todos los diferentes tipos de suelos (18).

¿“Bueno para los más desfavorecidos”?

Algunas de las iniciativas de biochar se presentan como estrategias que favorecen a los más desfavorecidos, para mejorar, por ejemplo, las vidas de mucha personas y las cocinas de carbón vegetal. De hecho, encontrar alternativas eficientes y limpias a los fuegos abiertos sí es una necesidad urgente. Las emisiones de hollín de los fuegos abiertos para cocinar contribuyen al calentamiento global, siendo las partículas en suspensión que emiten una de las principales causas de enfermedades respiratorias. Recoger madera para hacer fuego cuesta a menudo mucho tiempo y energía, especialmente para mujeres y niños.

Desafortunadamente, aunque el carbón vegetal producido en las cocinas reduce el hollín y algunas emisiones, es considerablemente menos eficiente que otros métodos ya que una parte de la biomasa utilizada en la combustión queda retenida en forma de carbón vegetal, cosa que la hace inservible como fuente de energía para la cocina. Esto significa que una familia necesitaría recolectar entre un 20-30% más de madera o ‘residuos’ para cocinar que los que necesitarían para una cocina más eficiente que no produzca carbón vegetal. Los que promocionan las cocinas que usan carbón vegetal se justifican sobre la base de que el carbón vegetal se puede utilizar como abono, mejorando los rendimientos y reduciendo los costes de fertilizantes, lo cual, como se ha visto más arriba, es altamente cuestionable. La IIB apoya proyectos de cocinas que usan carbón vegetal en diversos países, incluyendo India y Mongolia. Lo que no queda claro es si se están presentando también alternativas más eficientes a la población local (19).

La incorporación de biochar en los esquemas de comercio de carbono reducirá aún más los beneficios para los más desfavorecidos. Como ha demostrado Larry Lohman: “La estructura del mercado de MDL desfavorece a los proyectos pequeños comunitarios que no pueden pagar los elevados costes de transacción necesarios para cada régimen” (20). En el caso de biochar, las preocupaciones sobre la contaminación del aire producida durante la pirólisis y la introducción de los tóxicos hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) a los suelos, probablemente indicaría la necesidad de hacer pruebas obligatorias antes de que se concedan los créditos, lo que dejaría de entrada fuera del mercado de emisiones a los pequeños agricultores.

¿‘Biochar’ industrial para geo-ingeniería?

Cualquier tecnología que incrementa la demanda de biomasa vegetal debe ser cuidadosamente analizada a la vista de: 1) las emisiones de efecto invernadero que genera la conversión de tierras, 2) la ya insostenible demanda de productos agrícolas y forestales, suelo, agua potable y biodiversidad, y 3) los impactos sobre el acceso de los pueblos a las tierras. Algunos proponentes del ‘biochar’ centran su argumentación en el uso de “desechos y residuos” y en los cultivos establecidos en “tierras marginales”. Las mismas afirmaciones se han hecho para otras tecnologías de bioenergía, pero la realidad es que no hay tales grandes cantidades de desechos y residuos disponibles; no existen en una escala que se pueda suministrar a largo plazo y que contribuya substancialmente a las demandas energéticas. Aún más, retirar los desechos agrícolas y la madera seca podría agotar peligrosamente los suelos, haciendo la tierra más vulnerable a las sequías y reduciendo la biodiversidad. Tampoco existen vastas extensiones de tierras “marginales y de deshecho”. Esta terminología excluye peligrosamente los múltiples y diversos usos de los suelos que no son formalmente reconocidos por no contribuir a los mercados globales. Los usos tradicionales de la tierras, donde los títulos de propiedad no son claros, se consideran ‘marginales’, aunque sean clave para las vidas de pequeños agricultores y pastores, entre otros. Esto ya está teniendo como consecuencia un desplazamiento sin precedentes, a menudo violento, a medida que países, corporaciones e inversores privados buscan acceso a cada vez más tierras para cultivos alimentarios y energéticos e inversiones rentables (21).

Cuando se requieren grandes extensiones de cultivos energéticos, como sucedería en el caso que el biochar se adopte como estrategia de reducción de los niveles de los gases de efecto invernadero en la atmósfera, las emisiones derivadas del cambio de uso de tierras se deben tener en cuenta. Talar bosques o limpiar praderas para hacer espacio a monocultivos energéticos implica una gran cantidad de emisiones, reduce la capacidad de absorción de los sumideros y contribuye a poner los cimientos de un futuro colapso de los ecosistemas y de la biodiversidad de la que dependemos para la regulación del clima. A medida que se acrecientan las restricciones de agua potable en todo el mundo, la regulación de la lluvia por la existencia de bosques sanos se velve cada vez más importante, y la asignación de agua para el riego de cultivos energéticos se hace cada vez más insostenible.

Para saber más del impacto de la producción de bioenergía a gran escala en la geo-ingeniería y de las primeras experiencias con agrocombustibles de primera generación, ver: www.globalforestcoalition.org/img/userpics/File/publications/Therealcostofagrofuels.pdf www.biofuelwatch.org.uk/docs/cnbe/cnbe.html
http://www.tni.org/agrofuels/agrocombustibles9puntos.pdf?

Conclusión

Ya existe un gran lobby en marcha para promocionar la producción masiva de biochar a pesar de que todavía no se han demostrado ventajas sustanciales. Es vital que tratemos este tema con precaución, especialmente dadas las múltiples consecuencias asociadas con esta tecnología, que supone una gran demanda de biomasa así como la manipulación de unos ecosistemas edafológicos de los cuales todavía existe una gran incertidumbre.

Notas:

(1) La disponibilidad y la filtración de nutrientes en los yacimientos arqueológicos de Anthrosol y Ferralsol en la cuenca de Amazonas Central: fertilizante, estiércol y aditivos hechos de carbón vegetal, J. Lehmann et al., Plant and Soil 249: 343-357, 2003.
(2) Informe Especial: Inspirado por los ancianos habitantes del Amazonas; un plan para convertir os desechos en un tesoro ambiental. Scientific American, 15th May 2007
(3) Efectos a largo plazo del estiércol, el carbón vegetal y la fertilización mineral en la producción y la fertilidad de los cultivos en las tierras altas de la Amazonía Central. Christoph Steiner et al, Plant Soil (2007) 291:275–290
(4) Efectos del carbon vegetal, el carbón y la turba en el rendimiento de las judías mung, la soja y los guisantes. Iswaran V et al, 1980. Soil Biol. Biochem.12, 191–192 and Charcoal as a soil conditioner, Kishimoto S and Sugiura G 1985, Symposium on Forest Products Research International Achievements for the Future 5: 12/23/1-12.23.15
(5) www.eprida.com/hydro/2004doc.pdf
(6) Bio-energy in the black, Johannes Lehmann, Front Ecol Environ 2007; 5
(7): 381–387 (7) Long-term black carbon dynamics in cultivated soil, Binh Tanh Nguyen et al, Biogeochemistry, Volume 89, Number 3 / July, 2008
(8) Bio-energy in the black, J Lehmann, Frontiers in Ecology and the Environment: Vol. 5, No. 7, pp. 381-387.
(9) USGS Soil Carbon Research, M Waldrop, US Geological Survey
(10) Interactive priming of black carbon and glucose mineralisation, Ute Hamer et al, Organic Geochemistry 35, no. 7 (July:823-830).
(11) Biochar as a soil amendment: A review of the environmental implications, Dominic Woolf, January 2008
(12) Fire-Derived Charcoal Causes Loss of Forest Humus, David A. Wardle et al, Science 2 May 2008: Vol. 320. no. 5876, p. 629; also see Comment by J Lehmannan and Sohi, 10.1126/science.1160005 and authors’ response. 10.1126/science.1160750
(13) Por ejemplo: El destino de biochar aplicado a la sabana colombiana Oxisol, durante el primer y el Segundo año, Julie Major et al, 2007 International Agrichar Conference (El dibujo que muestra un 60% de incremento en pérdidas de carbono del suelo en ese poster es un error, como lo confirma el autor del estudio).
(14) Biochar in fertile clay soil: impact on carbon mineralization, microbial biomass and GHG emissions, Esben Wilson Bruun et al, DTU/RSO,
(15) Ver Ref 10
(16) http://uk.youtube.com/watch?v=nzmpWR6JUZQ
(17) Ver Ref 10
(18) See reference 1
(19) Reference for details on efficiency and pollution: A Study on improved institutional biomass stoves, S.C. Bhattacharya, www.retsasia.ait.ac.th/Publications/An%20Improved%20Gasifier%20Stove%20for%20Institutional%20Cooking.pdf
(20) Carbon Trading: A critical conversation on climate change, privatisation and power, Larry Lohmann, 2006, p. 257
(21) Agrocombustibles y el Mito de las Tierras Marginales, documento conjunto publicado por la Fundación Gaia, Septiembre 2008, http://www.wrm.org.uy/temas/Agrocombustibles/Mito_Tierras_Marginales.pdf