Selva contaminada con petróleo por nueva rotura de oleoducto en Ecuador

Un grupo de operadores petroleros trabaja entre dos ríos negros de petróleo que fluyen por la ladera de una montaña cubierta de rocas en la selva tropical. Al fondo se ve un tramo de tubería del oleoducto. Una corriente de crudo pesado del oleoducto OCP dañado se derramó por la ladera de la montaña, cerca de Piedra Fina(Fecha 30-1-2022) (© Christian Cray) Ingenieros inspeccionan el terreno entre un estanque de tierra lleno de petróleo crudo a la derecha y una excavadora visible a la izquierda, está cavando otro pozo de tierra. Al fondo, delante de la montaña se ven camiones cisterna. Con excavadoras se cavaron de urgencia fosas no compactadas para absorber parte del vertido de petróleo (Fecha 30-1-2022) (© Christian Cray) Dos trabajadores petroleros succionan con manguera el crudo de una balsa en tierra hacia un camión cisterna OCP aspira el crudo pesado y lo retira con camiones cisterna (Fecha 30-1-2022) (© Christian Cray) Crudo vertido sobre una zona cubierta de grava y piedras No está claro lo que se planifica con las muchas toneladas de tierra, piedras y vegetación contaminadas por el petróleo (Fecha 30-1-2022) (© Accion Ecologica / Christian Cray) Una mujer camina por un carril entre dos terraplenes de tierra y rocas hacia el valle erosionado del río Coca, que se puede ver al fondo El valle del río Coca está afectado por una fuerte erosión, lo que imposibilita el funcionamiento seguro del oleoducto (Fecha 30-1-2022) (© Christian Cray)

4 feb 2022

En Ecuador, el oleoducto de crudo pesado OCP, construido con financiación alemana, se ha vuelto a romper. Según el ministro de energía, 6.000 barriles de crudo se han derramado en la selva. Los pueblos indígenas se quejan de la contaminación generalizada de los ríos de la región amazónica. Salva la Selva pide al gobierno de Alemania que no apoye los proyectos petroleros.

El pasado viernes 28 de enero de 2022, se produjo un grave derrame de petróleo en la Amazonía ecuatoriana, tras una nueva rotura del OCP (Oleoducto de Crudos Pesados). El vertido se produjo en la ladera de una montaña sita en el sector Piedra Fina, en el límite del Parque Nacional Cayambe-Coca.

Las imágenes de la cadena de televisión Teleamazonas muestran cómo una fuente de petróleo sale disparada del oleoducto roto hacia la selva, cómo fluye el crudo entre las tuberías del oleoducto por la ladera de la montaña y se mezcla con el agua de los arroyos, que vierten al río Coca en el valle.

Las organizaciones indígenas CONAIE y CONFENIAE muestran en Twitter el alcance de la contaminación por petróleo bajo el hasthtag #SOSDerrameAmazonía, con vídeos y fotos. El petróleo contamina el río Coca a lo largo de decenas de kilómetros y llega hasta el Napo, un afluente del Amazonas. Las comunidades indígenas situadas a orillas de los ríos se encuentran gravemente afectadas por la dispersión del petróleo.

Según el ministro ecuatoriano de energía, Juan Carlos Bermejo, se habrían derramado 6.000 barriles de petróleo en el accidente, escribe El Comercio de Quito. El periódico también informa de otro desprendimiento, el 31 de enero de 2022, que habría afectado al trazado del oleoducto muy cerca de este lugar.

Ya en abril de 2020, a pocos kilómetros de distancia, el oleoducto de OCP junto con otros dos oleoductos se había roto, provocando en el río Coca un grave vertido de petróleo. 15.000 barriles de crudo contaminaron gravemente los ríos aguas abajo de la región amazónica.

Empleados de una de nuestras organizaciones contraparte en Ecuador, Acción Ecológica de Quito, y un periodista del portal ambiental Mongabay documentaron la situación del accidente in situ. Piedra Fina se encuentra al pie del volcán Reventador, cerca de la comunidad de San Luís, municipio Gonzalo Díaz de Pineda, provincia de Napo.

Informan de un hedor insoportable a petróleo y azufre. OCP está utilizando excavadoras para cavar pozas y construir diques en los que recoger parte del petróleo derramado. Están bombeando petróleo a los camiones cisterna para su retirada.

OCP y el Gobierno minimizan la situación

El operador OCP escribe en un comunicado de prensa que el accidente fue "causado por la caída de rocas debido a las fuertes lluvias". La empresa estaba "trabajando a toda velocidad para evitar cualquier riesgo de que el petróleo llegue a los cursos de agua", afirman. El sábado, "como medida de precaución, se detuvo el bombeo del oleoducto para evitar daños ambientales", dijo OCP en otro comunicado.

El gobierno ecuatoriano y altos cargos del Ministerio de Medio Ambiente también intentan en Twitter y Facebook restar importancia al desastre. Parecem preferir ignorar la contaminación por petróleo de los ríos y presionan para que el oleoducto reinicie rápidamente su operación.

Ni OCP ni el gobierno ecuatoriano tienen el control de la situación

Un día antes del vertido, el Ministerio de Energía había anunciado que la producción de petróleo del país, de 496.000 barriles diarios, ya superaba los volúmenes de producción previos, tras haber tenido que suspender las exportaciones de petróleo por motivos de “fuerza mayor", el 12 de diciembre de 2021. Esta medida debía permitir el trabajo en oleoductos impactados por la erosión en la zona de Piedra Fina. Dos semanas antes del accidente del oleoducto de OCP, el 6 de enero de 2022, el Gobierno levantó la medida.

Desde hace meses, OCP lleva a cabo trabajos de construcción en las laderas de la montaña a lo largo del río Coca. Las inversiones son millonarias, según escribió OCP en un comunicado de prensa en mayo del año pasado, en el que anunciaba la construcción de una tercera variante de trazado del oleoducto en la zona de Piedra Fina.

Además del OCP, la compañía petrolera estatal Petroecuador también opera en la zona un oleoducto de crudo y un poliducto de combustible. Mientras tanto, ambos operadores han creado diferentes variantes de rutas, temporales y permanentes, en la zona y han colocado nuevos conductos, que ahora vuelven a sufrir desprendimientos.

El oleoducto OCP es producto de la ignorancia y la codicia

Las roturas de oleoductos y sus graves consecuencias no llegan por sorpresa ni constituyen un acontecimiento natural imprevisible. El oleoducto OCP, de 500 kilómetros, atraviesa un territorio geológicamente muy inestable. Está permanentemente amenazado por graves terremotos, erupciones volcánicas, corrimientos de tierra e inundaciones.

El oleoducto OCP fue construido entre 2001 y 2003 por un consorcio de seis compañías petroleras internacionales. En aquel momento, Salva la Selva protestó en contra del proyecto, junto con organizaciones medioambientales y de derechos humanos de Ecuador y delel mundo.

Ya en aquél momento estaba claro: el proyecto de oleoducto OCP no se puede controlar y no cumple las normas ambientales y sociales internacionales. Además, ha propiciado el desarrollo de otros yacimientos de petróleo en la región amazónica, como en el mundialmente famoso Parque Nacional Yasuní. La producción de petróleo amenaza a la selva tropical y a los pueblos indígenas que viven en ella. Además, el petróleo pesado que se bombea a través del oleoducto es extremadamente perjudicial para el medio ambiente.

La construcción del oleoducto OCP se financió con dinero alemán

La construcción se financió con un préstamo del equivalente a 900 millones de euros, de un consorcio de bancos internacionales, liderados por el Westdeutsche Landesbank (WestLB). Pero a pesar de las masivas protestas y de todas las advertencias que las organizaciones ecologistas llevaron a cabo, el banco de público, propiedad del estado alemán de Renania del Norte-Westfalia y varias asociaciones de cajas de ahorros se sumaron al proyecto. El WestLB recibió respaldo político del entonces gobierno estatal y de los partidos que contaban con representación parlamentaria.

Pero el WestLB ya no puede rendir cuentas. Tras numerosos escándalos y pérdidas millonarias, el WestLB fue disuelto y liquidado por sus accionistas en 2012. Y los políticos estatales que en aquel momento tenían la responsabilidad, como Wolfgang Clement y Peer Steinbrück, ya no están en el gobierno.

Salva la Selva exige al gobierno alemán que no apoye proyectos petroleros. También debería ofrecer a Ecuador asistencia técnica y financiera para limpiar la contaminación por petróleo y acabar con la fatal dependencia del país de la industria petrolera. La exportación de petróleo es la fuente de ingresos más importante del país sudamericano.

Regresión del río Coca

A mediados de diciembre, el portal medioambiental Mongabay informó detalladamente sobre la situación completamente fuera de control en Piedra Fina y amplias zonas del valle del río Coca. El río lleva dos años en un rápido proceso de erosión regresiva. El agua penetra cada vez más en los sedimentos y socava las laderas de las montañas, lo que amenaza masivamente las rutas de los oleoductos que pasan por el lugar, así como una importante carretera que conduce desde Quito hacia las tierras bajas del Amazonas. Pero las casas y los cultivos también se están precipitando al abismo.

El rápido avance de la erosión se relaciona con el derrumbe en 2020 de la cascada de San Rafael, unos kilómetros más abajo. Al pie del volcán El Reventador, el río se precipita de modo espectacular 150 m sobre una antigua colada de lava que había formado una barrera en el cauce, tras una erupción hace unos 8.000 años. Con el paso del tiempo, el valle del río sobre la presa de lava se había llenado de escombros y de rocas.

El 7 de febrero de 2020, se abrió un agujero en el lecho del río frente a la lengua de lava, lo que provocó la detención de la cascada. Al parecer, el río habíra arrastrado la lengua de lava. Desde entonces, el río ha ido arrastrando los sedimentos de arriba a gran velocidad, lo que ha vuelto todo el valle inestable. Mientras tanto, el borde de ruptura, de decenas de metros de altura, se ha desplazado 11 kilómetros río arriba.

Hidroeléctrica Coca Codo Sinclair

Mientras tanto, la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, cerca de El Salado, también está cada vez más en peligro. La empresa china Sinohydro construyó la mayor y más cara central eléctrica del país (capacidad prevista de 1.500 MW, coste de construcción de 2.700 millones de dólares, que fue puesta en funcionamiento en 2016. El proyecto, financiado por el banco estatal chino EXIM, desencadenó una grave crisis política en Ecuador, debido a la grave corrupción que situó al país en una fatal dependencia de China. Debido a graves defectos de construcción, el gobierno ecuatoriano no ha aceptado hasta ahora formalmente la central hidroeléctrica y la ha llevado a la Corte Internacional de Arbitraje (CCI).

Varios expertos, entre ellos Emilio Cobo, coordinador del programa de agua de la UICN para América del Sur, ven una posible relación entre la central y la erosión regresiva del río Coca. La central hidroeléctrica, muy controvertida desde el principio, habría modificado el flujo de sedimentos en el lecho del río con sus sistemas especiales de filtración y su presa. La reducción de la corriente de sedimentos en el río podría haber provocado el socavamiento de la lengua de lava en la cascada San Rafael y, por tanto, haber iniciado el fatal proceso de erosión retrógrada en el río Coca.


  1. el proyecto de oleoducto OCP no se puede controlar y no cumple las normas ambientales y sociales internacionales

    Entre 2000 y 2003 nuestra organización formó parte de una intensa campaña en contra de la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados OCP que recorre el país, y que fue financiado por un banco estatal alemán, el WestLB. En el marco de dicha campaña, se llevaron a cabo múltiples actividades, denunciando abiertamente los riesgos de esta construcción para las comunidades locales y el medio ambiente. Son precisamente los riesgos que se han hecho realidad innumerables veces desde entonces.

    Artículo en la revista en alemán de nuestra organización Regenwald Report 4-2002, Páginas 8 -13: https://www.regenwald.org/uploads/regenwaldreport/pdf/rdr-report0204.pdf